Un investigador santafesino del Conicet fue invitado a trabajar en Egipto

El arqueólogo argentino Lucas Gheco, investigador postdoctoral del CONICET, fue convocado para  participar de un proyecto en una tumba de 3.500 años de antigüedad en la antigua Tebas, actual Luxor, Egipto. Gheco tiene 31 años, estudió arqueología en la Universidad Nacional de Catamarca después de dejar Santa Fe, su provincia natal. Antes de recibirse, se…

Un investigador santafesino del Conicet fue invitado a trabajar en Egipto

El arqueólogo argentino Lucas Gheco, investigador postdoctoral del CONICET, fue convocado para  participar de un proyecto en una tumba de 3.500 años de antigüedad en la antigua Tebas, actual Luxor, Egipto.

Gheco tiene 31 años, estudió arqueología en la Universidad Nacional de Catamarca después de dejar Santa Fe, su provincia natal. Antes de recibirse, se integró como colaborador al Centro de Investigaciones y Transferencia (CIT) de Catamarca.

Actualmente continúa trabajando en el CIT, abocado a la investigación del arte rupestre prehistórico de la Sierra de El Alto-Ancasti. Además, es docente de la Universidad Nacional de San Martín, de forma que su rutina semanal es triangular Buenos Aires – Santa Fe – Catamarca y ahora, Egipto.

El investigador fue invitado a realizar tareas de excarvación y documentación de una tumba de la antigua necrópolis tebana. Se trata de la de Amenemhat, un escriba, supervisor de graneros que vivió en Egipto entre el 1479 y el 1425 A.C.

Su equipo de trabajo viajará con un objetivo ya marcado, encontrar las historias mínimas detrás del gran relato. “Esto es lo que distingue a nuestro equipo y nuestra metodología de trabajo, por lo cual nos invitaron a Egipto”, aseguró Gheco a Clarín.

“Nuestro interés es conocer las historias particulares, las historias locales, las historias de las personas comunes, más allá de los grandes relatos culturales que muchas veces acaparan toda la atención”, contó.

Sin embargo, a pesar de la buena noticia de la invitación a Egipto, el investigador se enfrenta a una angustiosa realidad: en abril podría quedarse fuera del CONICET. “Es probable que me quede afuera porque la cantidad de arqueólogos que entran por año es mínima. Se espera que este año sean tres o cuatro, no más. Vivimos en una contradicción. Salimos en los diarios y tal vez nos quedamos sin trabajo. Ojalá cambie”, confesó.