Triunfamos

La columna de Ezequiel Fernández Moores Crédito: @domenechs 5 de marzo de 2019  • 23:59 Luchamos contra toda incomprensión”. Marta Soler, arquera de 17 años de la selección argentina, canta “Triunfamos”, bolero del Trío Los Panchos, y se gana unos pesos mientras juega el Mundial femenino de México 1971. Siguen los boleros: “Usted es la…

Triunfamos

La columna de Ezequiel Fernández Moores Crédito: @domenechs
5 de marzo de 2019  • 23:59

Luchamos contra toda incomprensión”. Marta Soler, arquera de 17 años de la selección argentina, canta “Triunfamos”, bolero del Trío Los Panchos, y se gana unos pesos mientras juega el Mundial femenino de México 1971. Siguen los boleros: “Usted es la culpable, de todas mis angustias/.Usted me desespera, me mata, me enloquece.”. “La arquera de la selección argentina” (así me dice hoy Marta que la presentaba el anunciador) canta también a la italiana Mina. Tres temas por noche. El show es en el restaurante que está pegado al hotel de la concentración, sobre la avenida Insurgentes. Marta cantó una temporada en la TV, en “Sábados Circulares” de Pipo Mancera, cuando tenía apenas 13 años. Por eso no tiene miedo. Y tampoco lo tiene horas después, cuando esa selección que llegó a México sin técnico, sin médico y sin botines, golea 4-1 a Inglaterra en el Azteca, ante unas 100.000 personas. Al volver de México, Mancera la lleva otra vez a la tele. Le ponen un tapado de visón. Debajo, su ropa de arquera. Mancera (algo así como el Tinelli de aquellos años) le ofrece contrato. Marta rechaza la propuesta. Le dice a Mancera que quiere ser futbolista.

La historia de Las Pioneras, como se llama hoy a aquella selección del ’71, debutante argentina en un Mundial (no reconocido por la FIFA), forma parte de “Pelota de Papel 3”. Un total de 29 cuentos escritos por jugadoras y entrenadoras de fútbol de la Argentina y también de Brasil, Uruguay, España, Portugal, Ecuador y Costa Rica, que será presentado este viernes 8 de marzo en el Teatro Astral. Un día después, el equipo femenino de Boca jugará por primera vez en la Bombonera, preliminar del clásico contra San Lorenzo. “Pelota de Papel 3” (Editorial Planeta) recoge, entre otros, la tarea de la correntina Lucila “Luki” Sandoval, ex arquera, fundadora del movimiento que busca visibilizar la historia del fútbol femenino y reivindicar la gesta de 1971 de Las Pioneras, un equipo formado como se pudo, porque entonces no había campeonato y las chicas de zapatillas Flecha apenas jugaban exhibiciones (una fue en Independiente, con TV de Canal 13 y puntapié inicial de Palito Ortega). Elba Selva, autora de los cuatro goles del 4-1 ante Inglaterra, fue recordada semanas atrás por la nación. El 21 de agosto, día del partido, quiere ser denominado como “el Día del Fútbol Femenino”. No era así antes. “El fútbol -tituló Diego Lucero su nota de 1971 en Clarín- no es para chuchis”.

“¿Tiene dueño el juego? ¿Tiene género?”, pregunta Nadia Petrizzo. Las escritoras de “Pelota de Papel 3” también nos dicen que “siempre que haya un pueblo habrá fútbol”. Afirman, como Mónica Santino, que el fútbol femenino y feminista es como el caracol “que va despacio”, pero tiene “memoria”. Y que “hoy somos un Ejército”. Porque “el sapo de otro pozo -dice Marina Zucchi- fracasa cuando vuelve a su pozo”. Son futbolistas que combaten prejuicios y, como escribe Miss Bolivia, trasforman “mochilas en alas”. Porque piden pelotas y no muñecas a Papá Noel. Porque, ya futbolistas, han sufrido mafia rusa y han tenido que inyectarse como Leo Messi cuando era pibe. Porque los chicos no pasan la pelota. Porque el chusmerío grita “marimachos” y porque “el amor” acaso sea “sencillamente algo que pasa”. Emociona, en medio de tanto coro que pide espacio, el cuento maravilloso que habla de mujeres campeonas en Idaipur, un pueblo minero de la India. Hoy es todo más visible. Pero las jugadoras argentinas que se clasificaron ahora al Mundial de Francia pasaron dos años sin siquiera jugar, cobrando viáticos miserables y reclamando en foto colectiva con pose de Topo Gigio para sacudir a la AFA. River-Boca jugaron un último clásico a las 9 de la mañana en Ezeiza. Para reclamar con un cartel por un “fútbol profesional” las jugadoras tuvieron que posar afuera de la cancha. “Si querés ir al Mundial -avisó a la revista Cítrica Virginia Gómez, jugadora desocupada de la selección- no podés comer guiso todos los días”.

“No puede haber igualdad -dice el libro Historia de las mujeres, publicado en 2007 en España- cuando más de la mitad del género humano carece de historia. ¡Qué diferente sería la historia si se incluyese todo lo bueno y todo lo horrible que las mujeres han hecho en el mundo!”. La periodista Ayelén Pujol, que cuenta en “Pelota de Papel 3” sobre su equipo, el Norita FC (homenaje a Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo), publicará en junio su propio libro sobre la historia del fútbol femenino (“Campeonas, una historia jamás contada”, de Paidós). Está el primer partido jugado en 1923 en la Boca. Y está Amalia Flores, “la Maradona argentina”, un mito a lo Trinche Carlovich que sufrió padre golpeador y pasó de Yupanqui a Nápoles en tiempos de Diego, pero ella solo a cambio de casa y comida. No más. El reclamo de fútbol profesional tiene hoy como símbolo a Macarena Sánchez, la jugadora que inició la demanda judicial y recibió amenazas. “Vas a morir muy pronto”. No pide ganar como Messi, sino un trabajo digno. Pero vivimos también tiempos de odios. A mayor visibilidad mayor furia. Tiempos de cuerpos de niñas apropiados. Para violar y parir. Cuerpos colonizados. Tiempos de femicidios récords. Y de mujeres, como Macarena, obligadas a vivir con botones de pánico. El pánico verdadero parece de otros. Acaso temen porque las mujeres siguen avanzando. Con pelota al piso. Y cabeza levantada.

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