¿Una cura contra el VIH?

Con más de 37 millones de personas infectadas en todo el mundo, era de esperar que los resultados presentados por la revista Nature sobre la segunda persona “curada” de HIV se comieran, literalmente, los portales de noticias de todo el mundo, lo que demuestra una vez más la enorme ansiedad periodística por encontrar una noticia…

¿Una cura contra el VIH?

Con más de 37 millones de personas infectadas en todo el mundo, era de esperar que los resultados presentados por la revista Nature sobre la segunda persona “curada” de HIV se comieran, literalmente, los portales de noticias de todo el mundo, lo que demuestra una vez más la enorme ansiedad periodística por encontrar una noticia impactante en lugar de dar cuenta de la relevancia de los resultados científicos presentados.

El hallazgo de una cura para el VIH es, desde hace muchos años, un enorme desafío para la comunidad científica, por lo cual todo avance, por más pequeño que sea, representa una enorme victoria para el conocimiento y, paralelamente, una esperanza para toda la humanidad. 

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) tiene como blanco el sistema inmune, justamente el encargado de protegernos de agentes externos como virus, hongos y bacterias. Su principal programa de acción consiste en debilitar nuestro sistema de defensas contra infecciones y determinados tipos de cáncer.

Si bien no existe un consenso sobre el origen del virus en la naturaleza, sabemos perfectamente la forma en la cual nos exponemos al contagio y cuál es la mejor manera para protegernos. Dado que el virus se transmite a través de fluidos corporales de las personas infectadas (semen, secreciones vaginales, sangre y leche materna), y no lo hace mediante otro tipo de contacto como besos o abrazos, las precauciones que debemos tener siempre presentes son utilizar preservativo en relaciones sexuales y evitar compartir jeringas. 

En la actualidad, y gracias al avance de la ciencia, existen tratamientos en los que se combinan tres o más fármacos antirretrovirales, o sea, fármacos que atacan al retrovirus. Estos medicamentos tienen como objetivo impedir que el virus se replique en nuestro organismo. Por lo tanto, al tener menos cantidad de virus en el cuerpo, el sistema inmune tiene más chances de recuperarse y de defendernos de las infecciones.

¿Se puede curar la enfermedad a partir de estos tratamientos retrovirales?

Si el tratamiento es efectivo, la carga viral se vuelve indetectable, y como consecuencia no existe riesgo alguno de transmitir el virus, por ejemplo, mediante una relación sexual. Pero si bien el tratamiento es un enorme avance para la salud de los pacientes, el virus no desaparece por completo. En otras palabras, hasta la fecha no existe una cura para el VIH, al menos no una que se haya masificado.

Dentro del espectro de posibles tratamientos, existe la transfusión de células madres, cuyo único caso de éxito hasta el día de ayer era el del paciente Timothy Brown, también llamado paciente de Berlín. La noticia es que luego de 12 años, una segunda persona ha logrado, a través de un tratamiento muy similar al realizado sobre el paciente de Berlín, volver indetectable el virus en su organismo.

¿Cómo es el tratamiento con células madre?

Nuestros glóbulos blancos, parte fundamental del sistema inmune y encargados de combatir infecciones, poseen algo así como una puerta de entrada para el virus VIH llamada receptor CCR5. En casos excepcionales, algunas personas tienen la suerte de tener mutado el gen de dicho receptor, lo que les confiere inmunidad al contagio del virus.

Siguiendo esta lógica, el tratamiento tiene por objetivo transferir a los pacientes células madres modificadas con los receptores mutados, inmunes al ingreso del virus. La contracara del descubrimiento es que, desafortunadamente, este tipo de estrategia no solamente resulta muy costosa sino que tiene un altísimo riesgo para la salud del paciente, por lo cual solo tendría sentido utilizarla en casos de extrema necesidad.

Ante esta noticia, por lo tanto, es sumamente importante tener en cuenta varios cuestiones. Por un lado, a nivel científico, el descubrimiento es muy relevante debido a que confirma que la estrategia utilizada con el “paciente de Berlín” (o sea, con Timothy Brown) no fue una cuestión azarosa, lo que abre la puerta al estudio de nuevas formas de tratar el síndrome.

Por otro, y quizás sea lo más relevante, la noticia nos sirve de excusa para entender y comunicar que en la actualidad la mejor manera de combatir al VIH es la información. Esa información que a lo largo de los años cada vez tiene menor lugar en los medios y en la sociedad. Esa información que, cuando llega de la mano de especialistas, de científicos y médicos que realmente se dedican a estudiar la enfermedad, deja de ser una nota de color para llenar los portales de noticias con sed de novedad y se transforma, lisa y llanamente, en educación.