Falleció Agnès Varda, leyenda del cine francés

Solamente un mes después de presentar su última película en el festival de Berlín, la directora Agnès Varda murió anoche de cáncer en París a los 90 años, rodeada de amigos y familia. En más de 60 años de carrera dirigió decenas de largometrajes, cortos y telefilmes, algunos de ellos considerados como piezas esenciales del…

Falleció Agnès Varda, leyenda del cine francés

Solamente un mes después de presentar su última película en el festival de Berlín, la directora Agnès Varda murió anoche de cáncer en París a los 90 años, rodeada de amigos y familia. En más de 60 años de carrera dirigió decenas de largometrajes, cortos y telefilmes, algunos de ellos considerados como piezas esenciales del cine francés.

Y sin embargo, Varda fue una figura que evitó cualquier categorización simple. Muchos de sus obituarios la llaman la “Gran Dama del Cine Francés” o se refieren a ella como “La Madrina de La Nueva Ola”, cuando en realidad fue una figura relegada por el entorno cinéfilo y académico durante décadas. Recién después de los 70 años logró ser reconocida por el establishment cinematográfico de su país y del mundo como una directora definida por su propia curiosidad: impredecible, sorprendente y vital hasta el día de su muerte. 

Varda recibiendo su Palma de Oro honoraria del Festival de Cannes. Y llevándosela en una carterita

Varda nació en Bélgica en 1928 y luego de la Segunda Guerra Mundial se instaló con su familia en París, dedicándose a la vida académica, estudiando psicología y literatura en la Sorbona e historia del arte en el Louvre. Su primer amor fue la fotografía y desde 1951 y durante una década trabajó en el Teatro Nacional Popular (TNP) junto al director Jean Vilar, que veía el teatro como un servicio popular y cuyo anti-elitismo sería una notoria influencia en la carrera de Varda.

A los 26 Varda visita a un amigo en el pueblo pesquero de Sète y a pesar de que, según ella, no había visto más que 20 películas en toda su vida, decide ambientar su debut cinematográfico en el pueblito, al que llevará la exquisita composición que venía trabajando en sus fotografías. En “La Pointe Courte” la directora contrasta una pareja en crisis (Philippe Noiret y Silvia Monfort, dos veteranos del TNP) con la rutina de los pescadores y sus conflictos cotidianos.

“La Pointe Courte” es el nombre del distrito de pescadores de la comuna de Sète

Este choque de narrativa estructurada e improvisación neorrealista sería una constante en su obra, un punto de vista notoriamente subjetivo que ella llamaría “cinecriture” (escribir con la camara). En su libro de 1994 “Agnès por Varda” profundizaría sobre la razón por la que se pasó al cine. 

“La fotografía me parecía un poco tonta, un poco ‘que linda que sos cuando estás callada’. Quería transmitir la aguda sensación del paso del tiempo y la erosión de los sentimientos, que crea en nosotros moho, óxido, humillaciones que no se digieren y heridas que no se cierran. Para las heridas del alma no alcanzaba con la fotografía.”

La película fue un fracaso, Varda siguió tomando fotos y filmando cortos ocasionales, hasta que a fines de los ‘50 hubo un boom comercial y crítico alrededor del nuevo cine independiente francés, en especial las películas dirigidas por sus amigos Jean-Luc Godard (“Sin Aliento”) y Alain Resnais (“Hiroshima Mon Amour”).

Corinne Marchand en “Cléo de 5 a 7”

En ese contexto Varda consiguió financiación para hacer su segunda película narrativa, “Cléo de 5 a 7”, una comedia dramática con toques musicales que contaba la historia de la Cléo del título, una cantante pop que está esperando los resultados de análisis que confirmarán si tiene o no cáncer. El planteo es una excusa para explorar las preguntas que siempre obsesionaron a Varda, en especial la idea de la decadencia y la fragilidad de la vida, el amor, y el arte.

“Cuando la película empieza ella existe solo para que la miren. Cuando se quita la peluca, se pone el vestido negro y sale a la calle, ella empieza a ver. El primer paso del feminismo es mirar a los otros, abandonar el egoísmo, dejar de mirarse al espejo. No es una película sobre el cáncer, sino sobre encontrar hilos que conectan el mundo.”

“Cléo de 5 a 7” es una obra maestra, cargada de simbolismos y diálogos literarios que a la vez vibra con una energía errática, volátil. Es una película impaciente, sobre un personaje tan difícil de categorizar como su directora: caprichosa y curiosa, superficial un momento y sabia el siguiente. De alguna forma se insertó en el canon de los estudios de cine como una respuesta femenina a las películas de Godard (que tiene un muy gracioso cameo) y Truffaut, aunque en forma y temas tiene poco que ver con cualquiera de los dos.

Varda + Demy

En 1962 se casó con Jacques Demy, un cineasta que parecía el opuesto de los intelectuales de la Nouvelle Vague (un movimiento cuyos directores, al fin y al cabo, tienen poco que ver entre sí). Sus películas tan chispeantes como melancólicas (“Lola”, “Los Paraguas de Cherburgo”) estuvieron entre los grandes éxitos comerciales de la época y fueron una influencia en el cine de Varda, que llevó la ligereza de “Cléo” a otras meditaciones sobre el amor.

La Felicidad” (1965) y la experimental “Lions Love” (1969), filmada en Estados Unidos fueron películas que junto con su participación en el filme colectivo “Lejos de Vietnam” (1967) y su polémico documental sobre el movimiento radical afroamericano “Black Panthers” (1968) confirmaron su compromiso con las manifestaciones sociales de la época post-mayo del ‘68.

A través de sus personajes “Una Canta, la Otra No” narra el propio despertar de la directora como feminista y sus propios dilemas con respecto a la maternidad

Varda fue parte del movimiento “Choisir” (“Elegir”) de los ‘70 y firmó el famoso “Manifiesto de las 343” (mujeres francesas que admitieron haber abortado y se expusieron a represalias legales), y narró el despertar tardío de su feminismo en “Una Canta, la Otra No” (1977), un verdadero fresco histórico que narra la historia de dos amigas a lo largo de 15 años y la indignación creciente hacia su lugar en la sociedad.

Varda marcha sobre Cannes en su último, sublime acto de rebeldía contra el establishment cinematográfico

El año pasado, de la mano de la actriz Cate Blanchett, Varda llevó a 82 mujeres profesionales de la industria del cine de la mano a través de la alfombra roja del festival de Cannes en una marcha silenciosa ¿por qué 82? Porque ese es el número de mujeres que fueron seleccionadas para competir en los 72 años de historia del festival ¿El número de hombres? 1.688. Sólo dos mujeres ganaron la Palma de Oro, premio mayor del festival, aunque una de ellas – la misma Varda – la recibió de forma honoraria y no por ninguna de sus películas, que fueron ignoradas las pocas veces que fue seleccionada para participar.

En “Sin Techo ni Ley” empieza la fascinación de Varda con los “recolectores” de lo que el resto de la sociedad deja atrás

Luego de que la Nouvelle Vague pasase de moda, Varda siguió filmando, ganando los aplausos de la crítica y la prensa internacional en 1985 por “Sin Techo ni Ley” un drama realista de una crudeza casi insoportable, que parece alejada de sus películas esplendorosas pero demuestra la misma compasión hacia sus personajes y su trabajo con actores profesionales (Sandrine Bonnaire, en el papel de su vida) y no profesionales.

Varda podría haber seguido este camino y replicar “Sin Techo ni Ley” mil veces, pero la fase siguiente de su cine fue impredecible y quizás luego de su muerte sean redescubiertas las pequeñas obras maestras que filmó en los ‘80s y ‘90s. Dos de ellas son las que filmó junto a Jane Birkin, la película de ficción “Le Petit Amour” (también conocida como “Kung Fu Master”) y el documental “Jane B. par Agnès V.”, en el que la directora y la actriz hablan de los temas clásicos de Varda. La edad, el amor, y la superficialidad de la fama.

El duo de películas que Varda filmó con Birkin podría verse como una relectura de “Cleo” 20 años después a través de la lente de un feminismo consciente

Las películas, de 1988, fueron ignoradas en Francia y sólo se estrenaron en New York en una doble función casi 30 años después por tan solo una semana, algo que irritó a la directora, para ese entonces de 87 años, que las considera entre lo mejor de su obra:

“Si tengo que salir a Times Square con una campanita para invitar a la gente a que entre, lo voy a hacer. Es una contradicción que me puedan dar la Palma de Oro pero no pueda llevar gente a los cines.”

Varda junto a Demy en sus últimos años (la imagen es parte del documental “El Universo de Jacques Demy”)

A fines de los ‘80 Jacques Demy fue diagnosticado de HIV, y Varda filmó junto a él un retrato llamado “Jacquot de Nantes”, que mezcla sus recuerdos de infancia con monólogos del director postrado. Luego de su muerte en 1990, Varda filmaría varios documentales más sobre Demy y su obra, dedicando casi una década a un trabajo de preservación marcado por el amor. Aún en Francia, el Sida era un tabú en esa época y recién años después, en 2008, Varda podría hablar abiertamente del tema: 

“Lo tratamos hasta el final, y luego lo filmé muy de cerca, porque mi respuesta a su enfermedad solo pudo ser la de una cineasta. Capté su ser, su cabello como un paisaje, su piel manchada, sus ojos mirando para otro lado, para decir: Jacques está aquí para siempre. Es muy difícil narrar el amor, la pérdida, el dolor.”

En 1999 filma la película que probablemente pase a la historia como su obra maestra: “Les Glaneurs et la Glaneuse” (“Los Recolectores y la Recolectora”) un documental/film ensayo que usa las técnicas de sus amigos Chris Marker y Alain Resnais para registrar distintos personajes de los márgenes sociales franceses y a la vez reconocerse reflejada en ellos, “la recolectora” del título.

El reloj sin agujas de Agnés

A los 70 Varda sentía la muerte cerca, y no tenía ningún interés de abandonar este mundo de forma silenciosa y los textos de la película son una meditación tan graciosa como melancólica, profundamente personal pero que a la vez le permite insertarse en la comunidad que estudia con infinita curiosidad. 

“François es curioso y bueno para la recuperación, pero esa noche nada le gustaba. Vio un reloj. No le gustó. A mí sí. Me lo traje a casa. Un reloj sin agujas, me conviene. Así no se ve pasar el tiempo.”

Varda junto a JR, su joven colaborador en “Caras y Lugares”

La muerte tardó en llegar, y las películas de Varda eran casi amuletos que la mantenían lejos. Con cada uno de estas inclasificables meditaciones fílmicas la directora parecía descubrir nuevas herramientas, simplificaba recursos y quitaba cualquier atisbo de profesionalismo superficial del puñado de películas personales que dirigió en sus últimos 20 años, entre las que se pueden destacar el tríptico de cortometrajes “CinéVardaphoto” y “Caras y Lugares”, nominada el año pasado al Oscar a mejor documental y codirigida con el artista plástico JR (que hizo que la directora abra su propia cuenta de Instagram).

“Me encanta trabajar con él porque no me trata con veneración. No se trata de proteger a la tercera edad – todavía estoy viva, todavía soy curiosa ¡No debería ser tratada como un pedazo de carne que se pudre!”

Agnès Varda nunca estuvo muy contenta con su lugar en la historia del cine. El apodo de “La abuela de la Nouvelle Vague” nunca le gustó. Y si hacemos un breve resumen de su carrera, se entiende por qué.

Varda fue aplaudida por la prensa en 1954 por “La Pointe Courte” y sin embargo tuvo que esperar años para conseguir la financiación que para sus pares hombres (sus “nietos”) resultaba fácil. En 1961 “Cléo de 5 a 7” fue un fenómeno pero sus obras posteriores fueron relativamente ignoradas.

En 1977 no tiene otra opción más que fundar su propia productora para financiar su épica feminista “La Una Canta, La Otra No”. En 1985 gana el León de Oro de Venecia por “Sin Techo ni Ley”, pero sus películas siguientes no siguen la misma tendencia y a duras penas se estrenan. En 1999, una vez más se la redescubre con “Los Recolectores y la Recolectora”, película que a la vez se trata (a pesar de ser todo lo contrario) como una especie de testamento fílmico. En 2015, a los 85 recibe una Palma de Oro “honoraria” en Cannes cuando aún estaba filmando documentales que el festival rechazaba de la competencia.

¿Es difícil entender el enojo de Agnès cuando los únicos cineastas franceses contemporáneos comparables (Godard, Resnais, Marker) recibieron lluvias de premios desde su primer cortometraje?

Tendremos la última oportunidad de “redescubrir” a una directora que siempre estuvo a nuestro alcance con el futuro estreno de su última película, “Varda by Agnès”, que consiste principalmente de una clase maestra que da a jóvenes estudiantes parisinos. Un monólogo sobre su vida, su obra, y claro – sobre la muerte.

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