Asia es un imán global pero EE.UU. lidera en tecnología de punta

Asia tiene más de 3.500 millones de habitantes, la mitad de la población mundial. Y 21 de las 35 principales ciudades del mundo son asiáticas, con 60% de la clase media global (1.500 millones de personas), encabezada por los 440 millones de chinos, con ingresos per cápita comparables a los norteamericanos (US$35.000/US$45.000 anuales). China produjo…

Asia es un imán global pero EE.UU. lidera en tecnología de punta

Asia tiene más de 3.500 millones de habitantes, la mitad de la población mundial. Y 21 de las 35 principales ciudades del mundo son asiáticas, con 60% de la clase media global (1.500 millones de personas), encabezada por los 440 millones de chinos, con ingresos per cápita comparables a los norteamericanos (US$35.000/US$45.000 anuales). China produjo 23 millones de automotores en 2018, y el conjunto de los países asiáticos adquirirá más vehículos que el resto del mundo sumado en el año 2030.

El cálculo de UNCTAD (Organización de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) es que las economías asiáticas superarán a la combinación del resto del sistema en 2020, si se mide el PBI en capacidad de compra doméstica (PPP), que le otorga una diferencia de 30%/40% a su aptitud adquisitiva.

El PBI asiático es 38% del producto global medido en dólares constantes, y era 26% en 2000. Creció más de 30 puntos en 20 años. China es mayor que EE.UU. en PPP (US$26 billones), y representa 19% del PBI global, el doble de lo que se le atribuía en 2000 (7%). India, medida en PPP, es la tercera economía del mundo, y el producto duplica el de Alemania (US$3.7 billones) y a Japón (US$ 4.2 billones).

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No son los únicos casos. Indonesia sería la 7° economía global en 2020, y su producto mayor que el de Francia o el Reino Unido; y Vietnam, que hoy tiene 110 millones de habitantes, tendría un PBI superior al de Suiza o Bélgica.

China es una categoría aparte. El PBI per cápita alcanzó a US$10.000 en 2018, y el producto trepó a US$13.32 billones, que es 66,3% del norteamericano (US$20,6 billones); y creció entre 6,5% y 6,7% anual en los últimos 13 trimestres. Eso implica que el ingreso por habitante aumentó 15 veces desde 2001 (incorporación a la OMC), cuando ascendía a US$1.000 por año; y era US$272 en 1978: lo que significa que ha trepado más de 80 veces en 4 décadas y se duplica cada 8 años.

El Banco Mundial (BM) sostiene que China sería un país de “altos ingresos” en 2020 (US$12.235 anuales), y dejaría atrás la categoría de “país emergente” y la “trampa de los ingresos medios”. Asia se integra velozmente. Se han suscripto 17 acuerdos de libre comercio en 2017 y 2018, y más de 70 se negocian actualmente. El crucial es el que tramitan China, Japón y Corea del Sur (2°, 3° y 10° economía del mundo), que se sellaría en 2 años, según lo fijado en la entrevista Xi Jinping / Shinzo Abe, el año pasado.

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El sudeste asiático —con eje en la República Popular— tiene un grado de integración productiva mayor que el de Europa Occidental, y es el primer centro de la industria manufacturera global. Lo mismo ocurre en las finanzas. La apertura del mercado bursátil chino (US$13 billones), el 2° después de Wall Street, ha adquirido un carácter vertiginoso, al incorporar los índices globales de Bloomberg y Morgan Stanley a los valores bursátiles de la República Popular. Mientras tanto, Standard & Poor’s se ha convertido en la principal evaluadora de riesgos y activos de China, y las Bolsas de Shenzen, Shanghai, Hong Kong y Tokio se integrarían en 2020.

El vuelco al Asia ha ocurrido cuando el capitalismo ha completado su proceso de integración mundial; y ha surgido una sociedad global creada por la revolución de la técnica, guiada por la categoría de instantaneidad. El declive de Asia muestra una excepción: EE.UU., el país “excepcional” por definición. El “excepcionalismo” norteamericano tiene raíces estructurales, porque es “el único país capitalista carente de pasado feudal” (Marx). De ahí que su productividad sea cualitativamente superior a la de Europa o Japón.

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China tendría 460 millones de usuarios 5G en 2025, más que Europa y EE.UU. sumados; y la economía digital ascendería a 60% del PBI; y esta semana compró 300 Airbus a Francia por US$35.000 millones y adquiriría otros 7.400 en 10 años.

Pero en la investigación básica de la Inteligencia Artificial (AI) EE.UU. supera a China 10 a 1; y su pool de talentos AI alcanza a 850.000 investigadores, mientras que son 50.000 los de la República Popular. EE.UU. tiene 11,8 millones de trabajadores en la industria high tech (prácticamente todos con posgrados en “ciencias duras”), un alza de 2,3% respecto a 2017. La tendencia se acelera, y son high tech 4/5 partes de los 7,3 millones de empleos ofrecidos al mercado de los no ocupados.

El liderazgo high tech estadounidense es inequívoco. No es accesorio, sino esencial. En la conquista de “fronteras”, EE.UU. es imbatible. Trump y Xi Jinping se reúnen en abril para sellar el mecanismo de cooperación y negociación permanente que crearon en la cumbre del G20 en Buenos Aires. Esta cumbre de los líderes de las 2 superpotencias es un acto de profunda certidumbre para el sistema global que marca el rumbo definitivo del siglo XXI.

Este no es el “siglo de Asia”, sino el de una sociedad global atravesada por la instantaneidad, que ha creado una conducción política con el pacto Trump/Xi Jinping, estructura básica del poder mundial.