La tarea aún pendiente de diseñar una estrategia para impulsar las exportaciones

La Argentina debe reducir la marginalidad a través de la generación de empleo formal en el sector privado, potenciando las cadenas de valor e incorporando mano de obra en los segmentos exportadores más competitivos. Se trata de “exportar más salarios”, aprovechando las fortalezas productivas y las oportunidades que ofrece el mundo. El aliento al sector…

La tarea aún pendiente de diseñar una estrategia para impulsar las exportaciones

La Argentina debe reducir la marginalidad a través de la generación de empleo formal en el sector privado, potenciando las cadenas de valor e incorporando mano de obra en los segmentos exportadores más competitivos. Se trata de “exportar más salarios”, aprovechando las fortalezas productivas y las oportunidades que ofrece el mundo.

El aliento al sector exportador está en todos los manuales. El Foro de Convergencia Empresaria destacó en 2014 la necesidad de promover las exportaciones como una política urgente de la agenda pública.

Ese año, la Fundación Mediterránea propuso opciones para alcanzar un boom de exportaciones a través de la formulación de políticas orientadas a la creación masiva de empleo mediante programas para el desarrollo de 18 cadenas de valor.

En la Fundación Pensar, la exportación de productos y servicios ocupaba uno de los espacios preponderantes en la agenda de Pro. Marcelo Elizondo coordinaba en 2015 planes de promoción a ejecutar de inmediato si ganaban las elecciones.

Se esperaban del Gobierno mensajes contundentes y definiciones rotundas que contribuyeran a recrear el espíritu emprendedor. En un informe de Cippec de 2015 se señalaba que el país “carece de una estrategia integral para apuntalar el desarrollo de los sectores que se internacionalizan ? Faltan políticas para mejorar el acceso a los mercados externos y la competitividad empresarial”.

En diciembre de 2015, Francisco Cabrera y Miguel Braun asumen en las áreas de Producción y Comercio. En solo 90 días ponen en marcha la Agencia de Inversiones y Comercio Internacional. Poco después aparecen las primeras diferencias entre Susana Malcorra y Cabrera por el control de la agencia. El conflicto de jurisdicciones que había afectado las políticas activas en las últimas administraciones se reinstaló, como un freno de mano.

El Ministerio de Agroindustria, en ese entonces a cargo de Ricardo Buryaile, quedó atrapado en la polémica porque tenía la “Secretaría de Mercados Agroindustriales” a cuyo cargo estaba Marisa Bircher, actual Secretaria de Comercio Exterior.

La tarea de promoción de exportaciones quedó dispersa y superpuesta en tres ministerios, además de la agencia. Según el mapa de Cancillería, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales cuenta con un frondoso organigrama integrado por 3 subsecretarías, 7 direcciones nacionales y 12 direcciones generales. En todo el esquema, solo hay una modesta e ignota repartición dedicada a la Promoción del Comercio.

Tras la fusión de Producción y Trabajo, la Secretaría de Comercio fue heredada por Marisa Bircher, que mantuvo intactos el equipo y el organigrama. Esta secretaría cuenta con una sola área dedicada a la “Facilitación del Comercio Exterior”.

Si se revisa el mapa del Estad, en el caso de ambos Ministerios, detrás de una tupida red de reparticiones, no es posible encontrar departamentos dedicados a apoyar al exportador.

Es inexplicable que -en su cuarto año de mandato- el Gobierno no haya resuelto este conflicto, dando a conocer una política de Estado.

El ministro Dante Sica dio a conocer en octubre pasado el plan “Argentina Exporta” en el CCK, pero no se ha diseñado la estrategia exportadora, ni se han vertebrado los esfuerzos con las agencias de comercio exterior de las provincias.

En noviembre pasado Bircher dijo que de 15.000 pymes exportadoras que llegó a haber solo quedan 9000. Y que el objetivo es recuperarlas.

Pese a la profundidad del proceso recesivo, los resultados de 2018 muestran un muy modesto crecimiento de las exportaciones y un déficit comercial de US$4000 millones, algo inexplicable en el contexto de una suba del dólar de 100%.

La coyuntura es inmejorable para el desarrollo del sector. Se ha revertido el atraso cambiario que afectó durante 10 años. Con la ayuda de otras fuerzas políticas, el Gobierno debería establecer un marco regulatorio inamovible que ofrezca las condiciones de estabilidad y los horizontes de largo plazo necesarios para encarar proyectos de exportación.

Además, se necesita un fuerte liderazgo para eliminar conflictos en el Gabinete. Se deben generar las condiciones que permitan gerenciar un salto cualitativo y cuantitativo en la proyección del comercio exterior. Así, se daría una señal inconfundible para que se pueda interpretar qué nivel de prioridad tiene la estrategia del Gobierno en esta materia.

El autor es consultor en asuntos públicos