Jaime Munguía, el mexicano que crece y quiere ir por el reinado de Canelo Álvarez

El clima semiárido del noroeste mexicano hace que la mayor parte de la vegetación que crece allí sea baja. Escasean los árboles frondosos y, por tanto, las grandes sombras. Sin embargo uno de los hijos dilectos de la región, Jaime Munguía, ha vivido sus últimos años a la sombra de su compatriota Saúl Canelo Álvarez,…

Jaime Munguía, el mexicano que crece y quiere ir por el reinado de Canelo Álvarez

El clima semiárido del noroeste mexicano hace que la mayor parte de la vegetación que crece allí sea baja. Escasean los árboles frondosos y, por tanto, las grandes sombras. Sin embargo uno de los hijos dilectos de la región, Jaime Munguía, ha vivido sus últimos años a la sombra de su compatriota Saúl Canelo Álvarez, la figura más taquillera que el boxeo logró construir tras el retiro de Floyd Mayweather. Aunque, de a poco, el ex campeón mundial superwélter de la Organización Mundial de Boxeo, que el sábado debutará en la categoría mediano ante el irlandés Gary O’Sullivan en San Antonio (Texas), va construyendo su propio camino y hasta proyecta un enfrentamiento con el pelirrojo.

Sin haber padecido grandes privaciones en su infancia, Munguía llegó muy temprano al boxeo a través de Jaime, su padre, quien era entrenador. Muy temprano también debutó como profesional: tras casi 140 peleas como amateur, hizo su estreno como púgil rentado con solo 16 años en julio de 2013. Y también muy temprano le llegó la posibilidad de combatir por un título del mundo, justo después de una frustración.

El mexicano Jaime Munguía, durante una sesión de entrenamiento abierta a la prensa en San Antonio. (Foto: Twitter @GoldenBoyBoxing)

Porque el apellido del boxeador tijuanense había aparecido como opción de emergencia para enfrentar al kazajo Gennady Golovkin en 2018, luego de que se suspendiera la revancha ante Canelo Álvarez por los títulos de peso mediano de la AMB y el CMB debido al control antidoping positivo del mexicano. Pero la Comisión Atlética del Estado de Nevada se negó a otorgarle la licencia habilitante por considerar que Munguía no tenía la experiencia necesaria para un enfrentamiento de semejante envergadura, para el que además tendría que haber subido de categoría.

Solo unas semanas y 2500 kilómetros debió recorrer para tener su primera gran oportunidad: el 12 de mayo de ese año en Verona (Nueva York) le dio una tunda fenomenal al estadounidense Sadam Ali, que venía de derrotar al puertorriqueño Miguel Cotto, y le arrebató el cinturón superwélter de la OMB. En ese momento tenía apenas 21 años y el mundo por delante.

En apenas cuatro meses defendió la corona dos veces, primero venciendo por puntos a un rival probado, el inglés Liam Smith, y luego noqueando al canadiense Brandon Cook en la misma velada de la revancha entre Canelo y Golovkin. Pero después entró en una meseta y si bien salió victorioso en sus siguientes presentaciones (ante el japonés Takeshi Inoue y el irlandés Dennis Hogan), su rendimiento quedó en deuda.

Jaime padre y Jaime hijo consideraron que era momento de un golpe de timón. Entonces el muchacho familiero, de palabras medidas y tono apocado, se desvinculó de su entrenador, Roberto Alcázar, y comenzó a trabajar con Erik Morales, ex campeón mundial en cuatro categorías. “Estar con una figura como él es, ante todo, un gran privilegio”, reconoció.

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De todos modos, las primeras semanas con El Terrible no fueron sencillas. “Un día se frustró y no quiso hacer nada. Me retiré del gimnasio y hablé con el promotor (Fernando Beltrán), le dije: ‘No sé si esto va a funcionar’. Estaba muy asustado”, reconoció Morales. Pero con el paso de las sesiones la relación se fue lubricando. Y el estreno del tándem fue aceptable: Munguía no tuvo problemas para despachar al desconocido ghanés Patrick Allotey el 14 de septiembre, en la tradicional velada del fin de semana de la independencia mexicana que lo tuvo como protagonista estelar, y así estirar su invicto a 34 presentaciones (27 de sus victorias fueron por nocaut).

Por entonces, la decisión de subir de categoría ya estaba tomada. Por la dificultad que el tijuanense estaba teniendo para dar los 69,853 kilos, el límite de la división superwélter (para el combate ante Allotey debió subir a la balanza desnudo), y porque el universo de los medianos ofrece rivales, peleas y, por consiguiente, bolsas más atractivos.

Y allí aparece el nombre de Canelo, por quien vienen consultándole desde hace años. “Creo que ahora no hay un mexicano que pueda pelear con él, pero cuando los dos estemos en las 160 libras, esa pelea se tiene que hacer”, había dicho antes de enfrentar a Hogan. “Me encantaría pelear con él. Sería un honor y una tremenda pelea para que todo México celebre”, enfatizó antes del duelo con Allotey. Los caminos parecen conducir a que ambos se encuentren pronto sobre un ring.

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Por lo pronto, Álvarez, para quien los saltos de categoría se han transformado en una constante en los últimos meses, tiene previsto combatir el 2 de mayo, según adelantó el presidente de Golden Boy Promotions, Eric Gómez. Seguramente lo hará en peso supermediano ante Billy Joe Saunders, monarca de la OMB, o Callum Smith, supercampeón de la AMB y campeón diamante del CMB.

Y Munguía, que también trabaja con Golden Boy Promotions, deberá superar su primera prueba en las 160 libras. Seguramente ganará potencia en esta división, aunque se encontrará con rivales más fuertes que los que enfrentó hasta ahora. O’Sullivan, que ostenta un récord de 30 triunfos (21 antes del límite) y 3 caídas (ante Saunders, Chris Eubank Jr y David Lemieux, todos campeones del mundo en algún momento de sus carreras), seguramente ofrecerá una contienda frontal y abierta. Si el mexicano gana y se luce, podrá pensar en Canelo.

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