Después de la siembra, el trasplante

Cuando los plantines han desarrollado el segundo par de hojas verdaderas, es el momento indicado para plantarlos en el lugar definitivo.Fecha de publicación: 16 de Mayo 2021, 09:40hsLas primeras dos hojas y el momento de trasplantar. (Foto: TN.com.ar)Trasplantar significa llevar un plantín desde el almácigo al lugar elegido en la huerta y plantarlo para que…

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Cuando los plantines han desarrollado el segundo par de hojas verdaderas, es el momento indicado para plantarlos en el lugar definitivo.

Las primeras dos hojas y el momento de trasplantar. (Foto: TN.com.ar)

Trasplantar significa llevar un plantín desde el almácigo al lugar elegido en la huerta y plantarlo para que complete su desarrollo. Si miramos detenidamente los plantines, veremos que las dos primeras hojas que aparecen son diferentes a las que crecen más tarde. Estas son los cotiledones. Su función en la semilla es de almacenamiento de nutrientes hasta que la plántula logra su independencia al entrar en contacto con la luz del sol y empezar a fotosintetizar. Algunos cotiledones son redondeados como los de la familia de los zapallos, otros son alargados como los de las acelgas o las espinacas. Pero sin duda, los más espectaculares de la huerta son los de las brasicáceas (ex crucíferas). Sus cotiledones tienen una hermosa forma de corazón. Así son los de los repollos, las rúculas, los rabanitos, y los coliflores. Más tarde, se desarrollarán las hojas verdaderas, que tienen las características propias de cada verdura.

¿Cuándo y cómo trasplantar?

Cuando los plantines tienen dos pares de hojas verdaderas es el momento del trasplante.

Para adaptarlos a las condiciones exteriores y que ganen rusticidad, durante los días previos pueden permanecer fuera del invernáculo, guardándolos por la noche.

// Colores y sabores de otoño

Antes de trasplantar, es necesario tomar algunas precauciones como: regar bien el almácigo la noche anterior y tener bien trabajado el suelo que los recibirá. Después, dependiendo de la estación, evitar las horas de sol fuerte o protegerlos de vientos o heladas, garantizará el éxito. Si la siembra se hizo en un cajón, con la ayuda de una cuchara se retira cuidadosamente el plantín para evitar cortes de raíces. En cambio, si el almácigo está en una bandeja con celdas, ejerciendo una leve presión por el orificio de drenaje de cada una, se retira fácilmente “el pan” de raíces y sustrato. ¡Listo el primer paso!

Cuando aparecen los cotiledones, es momento de trasplantar. (Foto: TN.com.ar)

El próximo paso, es hacer un hoyo en el lugar definitivo. Colocar una capa delgada de compost y luego introducir el plantín. Rellenar el hoyo con más compost y tierra muy suelta. Con ambas manos, presionar suavemente todo el conjunto alrededor del plantín. Cubrir la superficie del suelo con pasto seco, chips de madera o paja y luego regar.

  • Opción repique:

Si aún hace mucho frío, es aconsejable que los plantines tengan un tamaño mayor para trasplantarlos. Entonces, en lugar de llevarlos a la tierra, se los pasa a una maceta más grande. Esta tarea se llama “repique”. Tomates y berenjenas deben tener el tallo del grosor de un lápiz para llevarlos a tierra. Repicando los plantines, llegan a ese tamaño dentro del invernáculo.

Si miramos detenidamente los plantines, veremos que las dos primeras hojas que aparecen son diferentes a las que crecen más tarde.

Las micorrizas son un grupo de hongos que establecen una relación simbiótica con las raíces de las plantas, aumentando su capacidad para absorber agua y nutrientes. Lo ideal es “micorrizar” los almácigos, pero hay una segunda oportunidad en el momento del trasplante. Se comercializan en una suspensión líquida que se aplica por riego.

Ajos: tres por uno

A lo largo de la historia y de Europa a Oriente a los ajos se les han atribuido propiedades protectoras. Los soldados romanos los llevaban para tener valor en la batalla, los marineros para no naufragar y los montañeses para que los salvara de las tormentas. Todas estas supersticiones se basan en un deseo de protección, inclusive el más mediático: contra vampiros.

Ajos para todos los gustos.(Foto: TN.com.ar)

El otoño es el momento de su multiplicación. En lugar de semillas, se plantan los dientes. Para ello, el suelo debe estar muy suelto. Cada 12 cm, se hacen hoyos de 5 a 7 cm de profundidad. En cada uno, se coloca un diente con la parte plana hacia abajo, zona por donde crecerán las raíces. Se rellena el hoyo y se riega.

Cultivarlo en casa permite conocer otras facetas y sabores de esta planta. Si se cosechan a los 2 o 3 meses, se obtienen “ajos tiernos”, una forma de verdeo muy sabroso ideal para comer en tortillas y revueltos. Son suaves y aromáticos. Si se cosecha otra tanda cuando la planta tiene el tallo floral, se pueden probar los “porrinos”. Se podría decir que si los ajos tiernos equivalen a la infancia del ajo, los porrinos son ajos adolescentes. Ideales para pescados y carnes al horno o asados a la parrilla (como si fueran puerros). A los 7 meses desde la fecha de siembra, ya estarán formadas las “cabezas”, que se cosechan arrancando la planta entera.

El dicho español dice: “Quien buen ajo planta, buen ajo arranca”. Así, sabemos qué dientes elegir según el fin deseado. Los dientes exteriores, más grandes, son perfectos para obtener cabezas y de los centrales, más chicos, llamados “cunas” son ideales para producir los ajos tiernos y los porrinos.

Los dientes con brotes se pueden plantar. (Foto: TN.com.ar)

Y ahí no terminan los destinos del ajo. En Quinta Pionera, Tierra del Fuego, a las mejores cabezas de ajo fueguino, las revalorizan cocinándolas muy lentamente, a temperatura y humedad controladas para obtener “ajo negro”. De esta forma, los dientes se caramelizan y alcanzan un sabor particular y aún más propiedades terapéuticas. Son muy apreciados en la cocina y la medicina oriental.

Consumido en cualquier estadio, el ajo gracias al disulfuro de alilo, regula la presión arterial y tiene propiedades antibióticas. El único inconveniente…. es que su olor se libera por el aliento…