Guillermo Roentgen, el científico al que su descubrimiento le salvó la vida

Fue el primer ganador del Nobel de Física por haber descubierto los rayos X. Su vida es un ejemplo de que cuanto más grande el hombre, menos se hace notar.Fecha de publicación: 16 de Mayo 2021, 09:40hsGuillermo Roentgen, el descubridor de los rayos X.Hace casi 100 años, en 1923, fallecía un insigne investigador. Los premios…

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Fue el primer ganador del Nobel de Física por haber descubierto los rayos X. Su vida es un ejemplo de que cuanto más grande el hombre, menos se hace notar.

Guillermo Roentgen, el descubridor de los rayos X.

Hace casi 100 años, en 1923, fallecía un insigne investigador. Los premios Nobel, se entregan desde 1901 y se adjudican, a los mayores aportes, a la medicina, a la Química, Física, Literatura, a la Paz, entre otros. La primera vez que se otorgó el premio Nobel en 1901, el correspondiente a Física, lo ganó un investigador alemán: Guillermo Roentgen.

Era profesor de Física en una universidad de Alemania y llevaba ya tiempo haciendo experimentos en su laboratorio con un tubo de vacío, que es una cápsula especial de vidrio, por el que hacía pasar una corriente eléctrica. El tubo estaba a su vez dentro de un frasco.

Un día, en noviembre de 1895, Roentgen comprobó que un frasco colocado en un rincón de una habitación totalmente oscura brillaba débilmente. Lo tomó y observó que contenía un producto químico fluorescente llamado platino-cianuro de bario. La habitación estaba a oscuras, excepto el foco luminoso que proyectaba el tubo de vacío dentro del frasco. Por lo tanto, el frasco brillaba porque lo iluminaba dicho tubo, desde adentro.

Un homenaje a Roentgen, el descubridor de los rayos X,

Roentgen cubrió entonces el frasco con un cartón negro pero siguió brillando. Era evidente que ese tubo irradiaba algo más que luz. Era algo capaz de traspasar el cartón. Entonces, colocó una pantalla de papel pintado, la oscureció totalmente y la colocó cerca del tubo de vacio cubriendo el frasco y, obviamente, también al tubo que estaba dentro. ¿Resultado? La pantalla de papel oscura también se iluminaba.

Estaba claro que un haz de rayos pasaba del tubo encerrado en el frasco a la pantalla. Un haz de rayos misteriosos, desconocidos. El científico los llamó “Rayos X”. Se acababa de producir un descubrimiento fundamental para el hombre. Porque cuando Roentgen, tras comprobar que, además del cristal y el cartón, también la madera resultaba transparente a los rayos X, colocó su mano ante la pantalla y pudo ver cómo la silueta de sus propios huesos, se destacaba sobre la sombra menos oscura de su carne.

Se dio cuenta que aquellos misteriosos rayos podían “retratar”, si cabe la expresión, objetos no trasparentes en el interior del cuerpo humano. Y un día, el 23 de enero de 1896, Roentgen utilizó por primera vez los rayos X con un éxito total. Habían nacido la radiología y la radiografía, es decir la posibilidad de diagnóstico de muchas enfermedades. Se estaba dando un paso gigantesco.

Roentgen tenía 50 años en ese momento. Cuatro años después, un año antes de ganar el premio Nobel que logró a los 55 años, sintió un leve malestar físico. El médico lo revisó y le dijo: “Doctor, tenemos que averiguar lo que usted tiene mediante los rayos X descubiertos precisamente por usted mismo”.

La radiografía mostraba un incipiente tumor de esófago. Debió ser operado. Extraído el tumor se reveló maligno. No se había extendido todavía. Su propio descubrimiento le había salvado la vida. Roentgen vivió veintitrés años más, hasta los 78 años.

Fue uno de esos hombres visionarios que lucharon por lo imposible, hasta hacerlo posible. En su pueblito alemán de Lennep, hay actualmente una estatua suya en una plaza, con esta simple inscripción: ”Aquí, nació Guillermo Roentgen. Fue nada menos que un hombre inteligente y bueno”. Y a este artífice de su propio destino, quiero dedicarle este aforismo:

“Todos vemos lo mismo, pero los grandes… lo revelan”.