Reunión cumbre en Olivos: el ultimátum de Máximo Kirchner a Alberto Fernández

Los primeros resultados oficiales llegaron al celular de Alberto Fernández apenas minutos después de las 20 horas. Hasta ese momento, el Presidente no podía imaginar los hechos que se iban a desencadenar en esa noche fatídica: la inesperada derrota, los reproches cruzados, el discurso que tuvo que improvisar en la soledad del escenario del búnker…

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Los primeros resultados oficiales llegaron al celular de Alberto Fernández apenas minutos después de las 20 horas. Hasta ese momento, el Presidente no podía imaginar los hechos que se iban a desencadenar en esa noche fatídica: la inesperada derrota, los reproches cruzados, el discurso que tuvo que improvisar en la soledad del escenario del búnker en Chacarita, por nombrar sólo algunas escenas. Pero menos aún podía imaginar lo que sucedió en la noche del lunes. Máximo Kirchner le avisó que iba a visitarlo a la Quinta de Olivos, acompañado del ministro del interior, “Wado” De Pedro. Ni siquiera hacía falta avisar de qué quería hablar. Son días de zozobra.

El viaje del Congreso hasta la Quinta de Olivos es de poco menos de una hora. Antes de subirse al auto, el jefe del bloque del Frente de Todos estuvo un largo rato reunido con Sergio Massa, con quien el cabildeo es permanente desde la debacle de las PASO. Por eso es que -y en el massismo no lo niegan- cuando el líder de la Cámpora y el ministro llegaron a Olivos, Alberto y los suyos entendieron rápido que el dramático planteo que le venían a hacer contaba no sólo con el aval de la madre de Máximo sino también con el del tigrense. Acá la historia se bifurca según las fuentes: cerca del presidente de la Cámara de Diputados dicen la charla en Olivos no fue una idea suya y menos aún un deseo, mientras que más cerca de Alberto ven también la participación del creador del Frente Renovador en la movida.

De una manera u otra, lo cierto es que Kirchner y De Pedro le iban a llevar un últimatum al Presidente: tiene que renovar el gabinete. Es cierto que el diputado y el ministro -y también una gran parte del oficialismo, más allá del sector que responde a CFK- esperaban no tener que llegar a esta encrucijada. El lunes muchos habían amanecido con la esperanza de un rápido cambio de Gabinete, o al menos la puesta en marcha de ese plan, pero se encontraron con todo lo contrario. Alberto desembarcó a la Casa Rosada cpn Fabiola Yáñez y luego sentó, en un acto, en los lugares de privilegio a los más que discutidos Matías Kulfas, de Producción, y a Santiago Cafiero y Martín Guzmán. Fue una señal a varias bandas: respaldo en público a la mujer -la coprotagonista del Olivosgate- y a los ministros de los cuales se pedía la cabeza.

Por eso es que, luego de esa jugada de ajedrez, la otra parte del Gobierno decidió mover las fichas. Máximo se guardó las sutilezas para otro momento y no sorprendió a nadie: las piezas a cambiar eran las que venían en discusión. Acá las versiones se vuelven a bifurcar: desde Olivos cuentan que el hijo de CFK fue a plantear la idea de levantar alrededor de Massa un superministerio -bajo el cual estarían las carteras de Economía y Producción, ambas ya sin sus actuales ministros-. Desde el lado del tigrense dicen que, si eso fue así, no contó con el aval del esposo de Malena Galmarini, que por las dudas se aseguró de no estar presente en el cónclave. En la noche del lunes el Presidente mostró que aunque anda golpeado por los resultados no se olvida de quien supo ser, y sacó a relucir una de sus mejores armas: la cintura. No afirmó nada ante Máximo pero tampoco se negó a los cambios. Los que más conocen al Presidente traducen su conducta: “Está haciendo los últimos pataleos antes de aceptar la realidad y negociar algunas salidas”. Todavía tiene que digerir la derrota.

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