El celular como peluche: la visión de Byung-Chul Han, el filósofo que promulga el desapego tecnológico

Esta semana se lanzó “No-cosas. Quiebras del mundo de hoy”, un ensayo en el que el autor advierte que los smartphones destruyeron la empatía. Fecha de publicación: 10 de octubre 2021, 08:58hs”No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros”, dice Byung-Chul Han.Por: (Foto: Adobe Stock)La reciente…

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Esta semana se lanzó “No-cosas. Quiebras del mundo de hoy”, un ensayo en el que el autor advierte que los smartphones destruyeron la empatía.

“No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros”, dice Byung-Chul Han.Por: (Foto: Adobe Stock)

La reciente caída de Facebook no fue provocada por Byung-Chul Han, aunque esa desconexión digital ha sido el avance perfecto de No-cosas. Quiebras del mundo de hoy, el nuevo libro del filósofo vivo más leído a nivel global. Ambos hechos (el apagón y el lanzamiento editorial) ocurrieron con una sincronía llamativa.

A poco de la falla que dejó al mundo sin Facebook, Instagram y WhatsApp, con escasa diferencia de horas de aquella jornada en la que muchos volvimos a los viejos SMS y las llamadas telefónicas, y que incluso apartamos la vista de las pantallas; el flamante texto del ensayista surcoreano subraya la influencia negativa de los smartphones en la sociedad contemporánea. El nacido en Seúl y profesor de filosofía en la Universidad de las Artes de Berlín señala que los celulares destruyen la empatía al convertir a los otros en objetos. Y al propio usuario.

No-cosas es un exhaustivo compendió de críticas al desarrollo tecnológico y a los chiches que copan la vida de millones, estirando la línea de pensamiento del filósofo relativa al capitalismo y a la sociedad de consumo. Dependencia, vigilancia, roles trastocados y sumisión resuenan en las páginas del libro.

El smartphone como osito de peluche

El celular es “un informante muy eficiente que vigila permanentemente a su usuario, él nos controla y programa”, advierte el filósofo surcoreano invirtiendo el juego de roles entre las personas y sus dispositivos. “No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros”. La reflexión se parece a un giro poético que nuestro Julio Cortázar escribió décadas atrás, mucho antes de que aparezca el primer iPhone y todos los teléfonos inteligentes. El autor de Rayuela dijo en un texto breve que cuando alguien te regala un reloj en verdad “tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.

Volvamos a Byung-Chul Han, que compara al teléfono móvil con un “confesionario portátil” donde “el like es el amén digital”, que define a Google y a Facebook como “los nuevos señores feudales” y a los usuarios como seres “explotados, vigilados y controlados” que, para colmo, no son conscientes de su sometimiento. El ensayista también habla del smartphone como un osito de peluche, no por su ternura sino por la dependencia que genera.

Igual que un niño que se aferra a su juguete para sentir seguridad y apartarse de los miedos, los celulares propician una relación íntima y de apego, según el surcoreano. “El niño entra en pánico cuando pierde su objeto querido; cuando extraviamos nuestro smartphone el pánico es total”, escribe en referencia a una situación que, en cierto modo, el mundo experimentó durante el apagón del 4 de octubre.

Byung-Chul Han sube la apuesta: “El smartphone no es un oso de peluche digital, más bien es un objeto narcisista y autista en el que uno no siente a otro, sino ante todo a sí mismo (…) Como resultado, también destruye la empatía; con el smartphone nos retiramos a una esfera narcisista protegida de los imponderables del otro. (…) Hace que la otra persona esté disponible al transformarla en objeto; convierte el tú en un ello”.

Tres fragmentos de No-cosas. Quiebras del mundo de hoy

“Las cosas no nos espían. Por eso tenemos confianza en ellas. El smartphone, en cambio, no solo es un infómata, sino un informante muy eficiente que vigila permanentemente a su usuario. Quien sabe lo que sucede en su interior algorítmico se siente con razón perseguido por él. Él nos controla y programa. No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros. El verdadero actor es el smartphone. Estamos a merced de ese informante digital, tras cuya superficie diferentes actores nos dirigen y nos distraen”.

“Plataformas como Facebook o Google son los nuevos señores feudales. Incansables, labramos sus tierras y producimos datos valiosos, de los que ellos luego sacan provecho. Nos sentimos libres, pero estamos completamente explotados, vigilados y controlados. En un sistema que explota la libertad, no se crea ninguna resistencia. La dominación se consuma en el momento en que concuerda con la libertad”.

Dada nuestra relación casi simbiótica con el smartphone, se presume ahora que este representa un objeto de transición. Objeto de transición llama el psicoanalista Donald Winnicott a aquellas cosas que posibilitan en el niño pequeño una transición segura a la realidad. Solo por medio de los objetos de transición crea el niño un espacio de juego, un ‘espacio intermedio’ en el que ‘se relaja como si estuviera en un lugar de descanso seguro y no conflictivo’. Los objetos de transición construyen un puente hacia la realidad, hacia el otro, que se sustrae a su fantasía infantil de omnipotencia. Desde muy temprano, los niños pequeños agarran objetos como los extremos de un cobertor o una almohada para llevárselos a la boca o acariciarse con ellos. Más adelante toman un objeto entero como una muñeca o un peluche. Los objetos de transición cumplen una importante función vital. Dan al niño una sensación de seguridad. Le quitan el miedo a estar solo. Crean confianza y seguridad. Gracias a los objetos de transición, el niño se desarrolla lentamente en el mundo que lo rodea. Son las primeras cosas del mundo que estabilizan la vida de la primera infancia”.

Estos fragmentos fueron anticipados por diario El País de España, antes del lanzamiento de No-cosas. Quiebras del mundo de hoy, que publicad editorial Taurus.

Sobre Byung-Chul Han

Nacido en Seúl en 1959, Byung-Chul Han estudió metalúrgica en su ciudad natal y hacia 1980 se marchó a estudiar filosofía a Alemania, uno de los países más prolíficos en esa disciplina. Obtuvo el doctorado en 1994 con una disertación sobre la obra de Martin Heidegger. Actualmente escribe sus textos en alemán e inglés, y es profesor en la Universidad de Artes de Berlín, donde además dirige un programa de estudios.

Entre sus obras se destaca Sociedad del cansancio, donde profundiza en trastornos como la depresión, el agotamiento (burnout) y el déficit de atención por hiperactividad. En su biografía se indica que habitualmente se niega a ceder entrevistas en radio y televisión, y que la información sobre su vida privada (incluyendo la fecha de su nacimiento) se mantiene en reserva.