Des-cubrir la identidad detrás de lo aparente

Les cuento una infidencia. Cuando Waylla me entregó el primer borrador de su texto, había un párrafo que no entendí. Ella aseguraba que había sido nula en el fútbol: parecía lógico, entonces, que sus compañeros la eligieran última para formar equipo. ¿Quién querría jugar con una pendeja que no sabe qué es un córner?“¿Por qué…

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Les cuento una infidencia. Cuando Waylla me entregó el primer borrador de su texto, había un párrafo que no entendí. Ella aseguraba que había sido nula en el fútbol: parecía lógico, entonces, que sus compañeros la eligieran última para formar equipo. ¿Quién querría jugar con una pendeja que no sabe qué es un córner?

“¿Por qué hablás en femenino, si en esa época te asumías como varón?, le pregunté. ¿No sería pendejo?”. Me respondió que no, que cree que siempre fue una piba trans aunque en ese momento aún no lo supiera. Me sorprendió su afirmación, para mí inesperada. Ahí empecé a comprender mejor el proceso de Waylla. Aunque haya descubierto de a poco que se sentía mujer, lo era desde siempre.

Es una experiencia potente: en este campo relativamente nuevo (en el sentido de que ahora se conoce, se legitima, se le da espacio; no es que antes no haya existido) han surgido algunas voces respecto de que a les adolescentes trans a veces se les impulsa demasiado a cambiar su cuerpo, si es que empiezan a tener crisis identitaria. Pero luego, si no se sienten cómodos o hay arrepentimiento, ya resulta tarde. Como que no se la da tiempo al tiempo.

Keira Bell, por ejemplo, es una chica británica que nació mujer pero en la adolescencia creía sentirse varón. A los 16 años, un hospital público le recomendó tratamiento hormonal y, tiempo después, una mastectomía. Lo hizo. A los 23 se percibió desfasada en su nuevo género, demandó al hospital y le ganó. Hay que tener, sentenció el tribunal, cierta edad para poder decidir.

He hablado con Waylla -ella empezó terapia hormonal ya mayor de edad- y su plenitud me contagió alegría: enhorabuena que haya podido encontrar su autenticidad y sentirse feliz. Ojalá otres no se repriman. Pero a la vez es importante alertar sobre la necesidad de no tomar estos cambios a la ligera, más si se trata de menores. Los procesos se pueden ir haciendo de a poco, sin urgencias, para que haya conciencia de la radicalidad del pasaje de cis a trans. O para saber que a veces también se opta por ser no binario. No se trata de refrenar sino de ir escalonadamente para estar seguros. Ya adultos, ya sin dudas, ya con total comprensión del cambio la dicha sí empieza a sonreír en libertad.

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