Resistencia a los antibióticos: cuánto creció por la pandemia de Covid y por qué

“Es un problemón”, lanzó, realista, la ministra de Salud Carla Vizzotti, en el primer minuto de un encuentro este jueves con sociedades médicas y expertos de la salud por la “Semana mundial de concientización sobre el uso de antimicrobianos”. Sin dudas lo es, en especial a la luz de un dato fuerte que compartió Alejandra…

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“Es un problemón”, lanzó, realista, la ministra de Salud Carla Vizzotti, en el primer minuto de un encuentro este jueves con sociedades médicas y expertos de la salud por la “Semana mundial de concientización sobre el uso de antimicrobianos”. Sin dudas lo es, en especial a la luz de un dato fuerte que compartió Alejandra Corso, jefa de Servicio Antimicrobianos del Instituto Malbrán: dijo que la pandemia aceleró la resistencia de ciertos patógenos hospitalarios que generan neumonías hasta un 10%.

Y no solo eso: en apenas un año y pico de Covid, la resistencia de esas bacterias a los antibióticos tuvo un alza que en la prepandemia había llevado 10 años.

“En 2010 teníamos 9% de resistencia. Cada año subía entre 2,3% y 3%. En 2019 medimos 20% y esperábamos tener 23% en 2020. Pero vimos un 30% de resistencia”, enfatizó Corso, en diálogo con Clarín.

La cifra refleja la media nacional. Empeora cuando se miran grupos acotados en situaciones particulares. Por ejemplo, llega al 50% o 60%, si se miden pacientes internados en unidades críticas que, por el mero hecho de haber estado en esta situación durante semanas, terminaron sobreinfectándose con alguna bacteria que luego se les volvió terriblemente difícil -y en muchos casos imposible- combatir.

ABC

Se dice de los virus (como el SARS-CoV-2) que se replican cometiendo “errores” que dan lugar a mutaciones, lo que en ciertos casos concluye en nuevas “variantes” que podrían tener mejor fitness para escaparle a la inmunidad. Las bacterias tienen un mecanismo de supervivencia parecido: si se ven presionadas por la amenaza de los antibióticos, en lugar de desaparecer, podrían volver fortalecidas. Es lo que se conoce como presión selectiva.

Cultivo de bacterias resistentes a antibióticos

Hace años, expertos de salud de todo el mundo señalan su preocupación por la ingobernable sobreindicación de antibióticos y la automedicación (el “problemón” del que hablaba Vizzotti). Las consecuencias están a la vista: médicos que administran a un paciente grave cierto fármaco en el que confían, y que finalmente no sirve para nada.

La novedad, este jueves, es que Argentina midió en los últimos meses el progreso de este problema y los resultados, preocupantes, muestran una aceleración de la resistencia bacteriana durante la pandemia.

Si bien los participantes del encuentro señalaron que “las causas son multifactoriales”, hay dos cuestiones centrales para marcar.

Causas

En primer lugar, hay que destacar la revisión de los expertos en la mesa redonda sobre el tratamiento de los pacientes graves de Covid al comienzo de la pandemia.

Como pasó en todo el mundo, la primera gran tanda de pacientes recibió “por las dudas” antibióticos para tratar las neumonías severas que les causaba el SARS-CoV-2 y por las que los internaban. Esto en alguna medida aceleró el proceso de resistencia antimicrobiana que ya venía en alza.

En palabras del infectólogo Pablo Scapelatto, quien habló con Clarín tras participar del encuentro en nombre de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), “se fue indicando distinta medicación en función de lo que se iba sabiendo”.

“Primero se usaron antibióticos, más de lo necesario, hasta que se definió el uso de corticoides. Usar más antibióticos de los que hace falta es una práctica común en medicina: uno quiere cubrir cuando no está seguro, cuando es difícil desambiguar si podría haber una infección. Ahora hay una revisión de todo esto”, evaluó.

En segundo lugar, siguió Corso, se usaron más antibióticos porque además se generó un número importante de otras infecciones intrahospitalarias, desde bacteremias (infecciones en la sangre) hasta (otra vez) neumonías.

Una aclaración importante: existen neumonías generadas por patógenos distintos. Algunos circulan en la comunidad (neumococos, por ejemplo, o el propio SARS) y otros son “de hospital”. Son estos últimos los que se fortalecieron al punto de que algunos antibióticos no les hacen cosquillas.

Cifras

Laura Barcelona, coordinadora de Uso Apropiado de Antimicrobianos del Ministerio de Salud de la Nación y coordinadora de la Comisión Nacional de Control de la Resistencia Antimicrobiana (CoNaCRA), quien también participó del encuentro y charló con Clarín, aportó datos duros que dimensionan el problema.

“En la pandemia pudimos medir el aumento de la resistencia a antimicrobianos gracias a un estudio que se hizo desde VIHDA, el programa nacional de vigilancia de las infecciones hospitalarias de Argentina, dirigido por la doctora Irene Pagano. Tras la primera ola se eligieron hospitales centinela y se vigilaron las UTI (Unidades de Terapia Intensiva) con pacientes no Covid y Covid”, introdujo.

“Suponíamos que íbamos a tener un aumento de las infecciones asociadas al uso de respiradores, catéteres -por los que se pasan líquidos y antibióticos- y sondas verticales. Hubo un aumento en las infecciones asociadas a los tres”, advirtió.

Exposición

El contexto fue de tal demanda y las condiciones tan adversas que la tasa de sobreinfecciones (esto es, un paciente internado que queda expuesto al punto de sobreinfectarse con otro microorganismo dentro del propio hospital) fue bastante distinta entre unidades Covid y no Covid.

“En 2020, en unidades de internación no-Covid, las neumonías asociadas a la ventilación mecánica tuvieron una tasa de 11,2. En las salas Covid fue 13,7. En cuanto a los catéteres, los dispositivos vasculares, la tasa casi se duplicó: para pacientes no-Covid fue 5,5. En los Covid, 9,3. La que menos sufrió es la tasa de infección urinaria: 3,2 y 3,4, respectivamente”, explicó Barcelona. En todos los casos la tasa es sobre mil días de uso del dispositivo.

Esas infecciones requirieron antibióticos. Pero “muchos perdieron sensibilidad. Por ejemplo la colistina, que tenía una sensibilidad del 68% en 2019, en 2020 bajó al 55%. La amikasina estaba en 78% de sensibilidad en 2019 y pasó al 68%, en 2020. Son nada menos que diez puntos en un año”.

Como resumió Scapelatto con palabras llanas, tenemos más infecciones por “bichos” más malos.

¿Qué tenemos que hacer? El médico lo resumió: “Trabajar en tener menos infecciones. Esto es, a la hora de cuidar a los pacientes pero también, en el lavado de manos y la higiene en general. No usar antibióticos sin prescripción y completar los esquemas. Es muy habitual escuchar pacientes que abandonan el tratamiento cuando se sienten mejor”.

En esos casos, la bacteria puede volver. Pero reforzada.

MG

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