La maldición de los años pares para el poder adquisitivo

Por Andrés BorensteinEconomista de Econviews¿Cuándo fue la última vez que el salario le ganó a la inflación en un año par? Por si la tiene que responder en alguna trivia, la respuesta correcta es en 2012, cuando los salarios promedio en el sector privado crecieron 4,5%. Desde entonces los años pares, es decir aquellos en…

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Por Andrés Borenstein

Economista de Econviews

¿Cuándo fue la última vez que el salario le ganó a la inflación en un año par? Por si la tiene que responder en alguna trivia, la respuesta correcta es en 2012, cuando los salarios promedio en el sector privado crecieron 4,5%. Desde entonces los años pares, es decir aquellos en los que no hay elecciones, han sido malos para los trabajadores ya que es el momento ideal para que la economía entre al taller para un “service”. Los sueldos cayeron en 2014; 2016; 2018 y 2020.

Lamentablemente no parece que en 2022 se vaya a quebrar la racha. No debería ser una masacre, pero tampoco hay buenas noticias para el sector trabajador. En el escenario base los salarios deberían perder un 2% contra la inflación este año. La dinámica muestra que algunos gremios tienen cláusulas de ajuste ya pautadas para el primer trimestre del año de manera que aún en un entorno de suba de precios, el descalce no será gigantesco.

Los años pares son épocas de ajuste y la economía argentina pide uno a los gritos. Puede ser un ajuste ordenado en el marco de un programa con el Fondo Monetario o un sálvese quien pueda, en donde los pronósticos son más fluidos, pero ciertamente peores. Básicamente sabemos dos cosas. Habrá suba de tarifas y el tipo de cambio seguramente tendrá que cambiar su trayectoria, algo que se llama en castellano devaluación.

Lo más probable es que el salario no logre subir tanto como la inflación, que en Econviews estimamos en 58% para el 2022. En general la inflación es un promedio ponderado de suba del dólar y suba de salarios. Es decir que la secuencia sería dólar sube más que inflación, que sube más que el salario. Los números podrían ser 70%, 58% y 55%. La buena noticia es que, si bien en dólares oficiales los sueldos serán más bajos, probablemente le ganen algún metraje al dólar de mercado ya que en un escenario de acuerdo la brecha cambiaria caería.

El punto de partida no es tan malo considerando que en 2021 se quebró la racha de 3 años seguidos de salarios para abajo. En los últimos 4 años el salario privado formal cayó más de 12%. De acuerdo con los números del Ministerio de Trabajo, el promedio de los casi 6 millones de trabajadores ganaba en octubre un 53,5% más que el año anterior, es decir una pequeña ganancia respecto de la inflación: unos dos puntos si cerrara el año así. De acuerdo con el índice que elabora el INDEC, el promedio de los trabajadores ganaba 51.2% más, es decir en línea con la inflación que cerró 2021 en 50,94%.

Pero hay que decir que esos salarios son muy heterogéneos. Los más favorecidos son los empleados públicos con un incremento de 56,7%, el índice privado formal subió un 52,8%, apenas por arriba de la inflación, mientras que los grandes derrotados son los trabajadores informales.

En 2022 debería darse una recuperación más fuerte en los servicios y especialmente entre trabajadores informales. El sector servicios todavía parece tener espacio para la recuperación. Habrá más turismo receptivo, más eventos sociales y corporativos y más movilidad. Ahí se concentran los informales.

Los empleados públicos serán probablemente los más afectados. Los sectores industriales quizás no tengan caídas mayúsculas, pero el poder de negociación de los sindicatos estará limitado por la coyuntura. Brasil, principal cliente industrial de la Argentina, está en recesión. La cadena de suministros no está restablecida (ni lo estará en el corto plazo) por lo tanto es difícil ser muy optimista con su nivel de actividad y por ende con los salarios, que nunca se divorcian del todo de la realidad empresarial.

Para las jubilaciones la historia es similar. Una aceleración de la inflación es mala por definición porque la fórmula de actualización tiene un rezago. Sin embargo, cuando se miran los promedios el resultado puede no ser tan malo. Resulta que en 2021 las jubilaciones cierran con una caída de alrededor de 6 puntos, pero esa pérdida fue casi toda en la primera parte del año, de manera que el promedio de 2022 puede llegar a no caer o hacerlo marginalmente respecto de 2021.

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