jueves, 20 junio, 2024
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El legado de Massa y el regreso de Juntos pero separados ante la debilidad de Milei

La herencia kirchnerista, esta vez en modo Massa, vuelve para horadar la credibilidad política de la oposición dura en la que se convirtió el kirchnerismo hoy. El legado del último tramo del kirchnerismo bajo Massa no es solo una crisis macroeconómica extrema, después de convertir a cada variable de la economía en una herramienta electoral. El presidente Javier Milei también es otro de sus legados. Sin dudas Milei es hijo dilecto de un clima de época y de la reconfiguración de las demandas sociales que interpretó mejor que nadie, pero también, de una estrategia electoral del massismo-kirchnerismo que contribuyó a crear un oponente para que canibalizara los votos de Juntos por el Cambio. En el camino, Milei canibalizó todo, también a su coautor.

El escenario de una visión libertaria que se juega al todo o nada y que escenifica todo el tiempo una resistencia a las lógicas de la negociación política es uno de los tiros por la culata del massismo-kirchnerismo y su ambición de hegemonía en continuado, cueste lo que cueste. Por eso el paro de mañana y el rechazo contundente al DNU y la ley ómnibus pone al exoficialismo ante un espejo que le juega en contra. La crisis actual es más hija de su gestión que de la presidencia de Milei. Y el éxito del estilo Milei es, en parte, el resultado del juego de ajedrez con el que buscó dejar en el camino a un adversario que parecía con más chances.

Pero el juego del poder tiene sus revanchas. En la diáspora política posderrota, el sector opositor al kirchnerismo que una vez fue Juntos por el Cambio recupera poder ante la debilidad de Milei en el Congreso. La temida fragmentación política a la peruana llegó al nivel parlamentario, pero con características más constructivas en el caso local: algo de Juntos sobrevive en esta coyuntura parlamentaria, aunque separados.

Aun en la dispersión de Juntos, hay continuidades trazables que están en proceso de reagrupamiento estratégico. El lema implícito que las unifica es la gobernabilidad supervisada: las distintas piezas de la principal oposición al kirchnerismo en el pasado se vuelven claves en la presidencia de Milei. O como obstáculo o, al menos, como dique de contención de los excesos del Poder Ejecutivo, según quién lo evalúe. “La cooperación republicana” que prometió la UCR después del balotaje. O la “oposición responsable” de la que habló Martín Lousteau en aquel momento. O el tono de consejero con experiencia en el pragmatismo del ejercicio del poder de Miguel Pichetto.

La misma UCR que se mostró más dura luego de la victoria de Milei y rechazó cualquier integración al nuevo gobierno, a diferencia de Pro, ofrece hoy apoyo condicionado a la gestión presidencial. El jefe del bloque radical en diputados, Rodrigo de Loredo, es el que comunica con mayor eficacia ese posicionamiento al filo de la contradicción con la propia historia radical y el núcleo duro de su militancia: hace malabares para incluir en la misma oración “libertad económica” y “riqueza” junto a “sector público muy eficiente” y “bienes públicos”. Facundo Manes le hace de oposición interna. Con peor resultado.

Las voces de Lousteau y Gerardo Morales se escuchan menos públicamente. Las encuestas muestran que no es una mala idea ese silencio relativo. La imagen positiva de Lousteau llega apenas al 24%. La de Morales, al 12%. Así lo mostró esta semana la “Encuesta de satisfacción política y opinión pública” (Espop), de la Universidad de San Andrés. Recoge la percepción de los argentinos entre el 9 y el 16 de enero. En general, la oposición, no importa si dialoguista o dura, enfrenta un desgaste que se vio en las elecciones y todavía no pega la curva. Mauricio Macri tiene 29% de imagen positiva.

Hay otros cuatro datos relevantes para los diputados de la oposición dialoguista que revela la encuesta de San Andrés. Primero, que “el 60% de los encuestados piensa que el Presidente debería negociar su agenda en el Congreso”. Segundo, que “el 47% afirma que el Congreso debe cooperar con el Presidente y negociar el DNU y el proyecto de ley”. Tercero, que quienes creen que deberían rechazarse tanto el decreto como la ley solo llegan al 27%. Y el cuarto dato tiene que ver con la imagen positiva del presidente Milei, que llega al 48%. Una pérdida de 6 puntos desde diciembre, pero no tan mala noticia en medio de medidas de ajuste muy debatidas. Milei es el dirigente con imagen positiva más alta.

Los kirchneristas están entre los que tienen peor imagen: Kicillof, con el 32%: Massa, con el 27%; Juan Grabois, con el 25%; Cristina Fernández, 23%, y Alberto Fernández, 10%. La izquierda de Myriam Bregman y Nicolás del Caño está en situación similar a los ojos de la ciudadanía: la imagen positiva de Bregman es del 28% y la de Del Caño, 18%.

En ese escenario, el perokirchnerismo y la izquierda se ponen duros y llaman al paro. La oposición de Juntos, en cambio, busca acordar y ampliar la base de sustentación de las medidas del Gobierno. Incluso la Coalición Cívica, el sector más crítico de Milei dentro de lo que fue Juntos, acompaña ese tono colaborativo. Lo reconoce un diputado de las huestes de Elisa Carrió: “Sobrevive un espíritu común en muchos temas… a costa de mucho diálogo, por supuesto”. Es decir, rosca y tensiones, pero que al final llegan a algo parecido a una visión común: Milei no es el enemigo.

Milei dejó a todo ese sector fuera del Ejecutivo, pero las filas de la oposición dialoguista, o “amiga”, según el kirchnerismo, “colaboracionista”, según la izquierda, se encuentra ahora con una oportunidad. Recuperar la centralidad a partir de una oposición razonable. Es decir, reencontrarse con la posibilidad de reconstruir el poder renovando percepciones sociales y buscando representar la base más amplia que le dio el voto a Milei. El objetivo es convertirse en los garantes de ese mandato electoral más ancho que las expectativas mileístas.

No solo está en juego el sentido de responsabilidad política, si es que algo así sobrevive. Es más, interpretando ese sentido, la oposición dialoguista intuye que puede rearmar el mapa de poder ya con vistas a las elecciones de mitas de mandato. La nueva distribución de roles, con Milei en el Poder Ejecutivo y “Juntos pero separados” en la oposición, puede volverse una oportunidad histórica en otro sentido: la posibilidad de poner a la Argentina en una dirección sostenible en lo macroeconómico. Alguien tiene que hacer el trabajo pendiente y difícil, y Milei tiene la voluntad y el apoyo popular. La oposición dialoguista puede cosechar esos frutos en el futuro sin pagar tanto los costos altos de la transformación presente.

La embestida abierta de la Coalición Cívica contra el régimen de exenciones impositivas de Tierra del Fuego es uno de los ejemplos más claros de cómo la oposición dialoguista marca sus límites. Por segunda vez desde 2022, la Coalición presentó un proyecto de ley para transformar y terminar con ese régimen que le quita al Estado recursos equivalentes al 0,33% del PBI. Para lograr apoyo, ahora lo restringe a la eliminación de la exención del IVA de la que goza Tierra del Fuego, un 0,11% del PBI.

La voluntad de sostener el régimen de Tierra del Fuego es una de las contradicciones más obvias y más llamativas de la presidencia de Milei. Después de años de hacer una pedagogía intensiva para instalar en la opinión pública una visión del mundo capaz de popularizar a la escuela austríaca y a la guerra contra él déficit y la necesidad del ajuste, hay un “por qué no” que llama la atención: ¿por qué el gobierno de Milei no explica con igual habilidad pedagógica su decisión de no desterrar el régimen de Tierra del Fuego desde ahora?

Dentro de las piezas dispersas de lo que fue Juntos, la Coalición Cívica lleva esa bandera. La respuesta del Gobierno es que el gasto tributario no vuelve tan rápido y que ese tema debe ser parte de una reforma tributaria futura. En diciembre, el ministro de Economía, Luis Caputo, declaró: “Estoy en contra de todos los regímenes especiales”. Argumentó que “sigue su curso” para darle tiempo a la reconversión de las empresas.

En julio de 2023, Diana Mondino anunciaba que, de ser gobierno, eliminarían las jubilaciones de privilegio. “Un privilegio nunca puede ser un derecho adquirido”, sostuvo entonces. Ese principio no parece aplicar a Tierra del Fuego.

“Retenciones no va a salir”, asegura Juan Manuel López (CC). “El Gobierno tiene un argumento para tocar el gasto tributario que implica Tierra del Fuego sin inquietar a los intereses que le preocupan, sean los que sean”, sostiene. Sobre esas contradicciones, la oposición dialoguista construye su rol político. Su efectividad se pone a prueba por estos días.

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