lunes, 26 febrero, 2024
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Fervor popular: «¡Viva el Rey!»

El Congreso de los Diputados y el poder Ejecutivo del Reino de España se han levantado enmarañados por una retorcida votación a la presidencia de la mesa de la cámara baja. Entre reproches, subidas de tono, lanzamientos de dardos y demás improperios salía elegida la socialista Francina Armengol por mayoría absoluta. A esa misma hora, la Academia General Militar de Zaragoza se erigía como símbolo de la firmeza y la serenidad que reina en otra institución de este mismo Reino de España: la Corona de los Borbones. Allí, en Zaragoza, la Princesa Leonor tomaba el mismo camino que un día ya completaron su abuelo, el rey emérito Juan Carlos I, y su padre, el rey Felipe VI. La heredera al trono tomó este testigo monárquico en aras de alcanzar ese semblante de templanza que ahora luce el monarca tras impregnarse de los valores castrenses que inculcan las Fuerzas Armadas.

La Familia Real, tras saludar a la gente. JAIME GALINDO

La llegada de la Familia Real atrajo a los más curiosos de la ciudad, entre ellos, un jubilado de 67 años que se pateó hora y media desde el Actur con su bichón para presenciar la llegada de los Borbones. «Luego con los años recordaremos eso de ‘yo estuve ese día’. ¡Estas cosas son bonitas!», decía este zaragozano, fiel admirador de todo lo que rodea a las Fuerzas Armadas y autobautizado como «privilegiado» por haber estrechado un día sus manos con el rey Felipe. «Mi hijo estaba de escolta y nos dieron un vino ahí en la Zarzuela cuando Felipe aún era Príncipe. Nos saludó uno a a uno. ¡Muy campechano, eh!», contaba orgulloso. «A mucha gente el servicio militar no le vendría mal para aprender lo que es el compañerismo y la amistad. Se han perdido valores», murmuraba.

Llegada de los cadetes

En defensa de estos valores desfilaron desde las 07.30 horas los 612 cadetes de la LXXXIII promoción que ayer formalizaron su ingreso en la academia. Los hubo que llegaron desde las propias tierras aragonesas, pero también desde Andalucía, Galicia o las islas y las Castillas. «En la vida cotidiana es imprescindible el respeto a los demás y todos los valores que inculca la academia», defendía una joven. «Hay que valorar todo el esfuerzo y el sacrificio que hacen las Fuerzas Armadas por toda la población», añadía un compañero del sur. «Esto es lo que va a marcar mi vida, lo que me va a empezar a forjar. Vengo consciente y mentalizado de que va haber que sufrir, pero con la mente abierta y, con lo que se ponga, para adelante», explicaba otro.

Leonor, ya como cadete. CASA REAL

Estos cadetes llegaron acompañados de sus familiares y allegados aunque hubo alguno que lo hizo sin esa compañía. «Un besito, mamá. Nunca se sabe… Por lo menos podré decir que he entrado el mismo año que ella», decía uno de ellos por teléfono. Precisamente, la princesa se colaba inevitablemente en las conversaciones a las puertas de la academia . «No creo que nos crucemos mucho, pero a ver qué tal», pronosticaban. «Lo bueno es que el Rey sigue teniendo contacto con los de su promoción y dicen que esto te puede abrir muchas puertas», aventuraban.

Un grupo enfila ya las instalaciones. JAIME GALINDO

Al final, los reyes se acabaron dando un baño de masas con los padres de estos cadetes. Ovacionados y al grito de «¡Viva el Rey», trataron de brindar su propio reconocimiento al garante del patriotismo, la responsabilidad y la estabilidad del Reino de España. Abandonaron las instalaciones militares con esa misma firmeza y serenidad con la que llegaron. Mientras, en el Congreso de los Diputados, continuaban esos reproches, subidas de tono, lanzamientos de dardos y demás improperios que se escuchaban desde primera hora de la mañana.

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