sábado, 24 febrero, 2024
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Juan Carlos Schmid: El sindicalismo ha respondido tarde a un espectro social calamitoso

El titular de la CGT, Juan Carlos Schmid, considera que el ajuste del Gobierno recae en los sectores más empobrecidos y populares de Argentina y no en la casta. “Los costos de este cuestionamiento a la casta, curiosamente, no la afectan”, criticó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

Juan Carlos Schmid es fundador y secretario general del sindicato de Personal Embarcado de Dragado y Balizamiento. También es secretario adjunto de la Confederación Argentina de Trabajadores de Transporte y titular de la Secretaría Política de Empleo de la CGT.

¿Cuál es su expectativa para el día de hoy?

Se trata de uno de los paros más veloces contra un gobierno recientemente electo, habida cuenta de que estamos frente a un fenómeno inédito en la Argentina con una representación política que ha inaugurado su gestión asumiendo de espalda al Congreso de la nación, lo que encierra todo un simbolismo, acusando a la casta política como la culpable de todos los males del país. 

Sin embargo, a poco de andar, vemos que realmente los costos de este cuestionamiento, curiosamente, no afectan a la casta, sino que recae en los sectores más empobrecidos y populares de Argentina. Las castas eran, fundamentalmente, la pirámide social que gobernaba la India durante el periodo colonial britanico. En su parte alta se encontraban los brahmanes y reyes, en el 5to lugar, su parte baja, estaban los parias o los intocables. Cuando Javier Milei habla de la casta no ha tomado este antecedente histórico, porque parece que está gobernado en la India y está descargando todo su paquetazo solo en los sectores más empobrecidos.

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Considero que es responsabilidad de todos los sectores, incluso al periodismo, que la Argentina esté enfrentando un dilema, a un Presidente que plantea y cree que en los últimos 100 años se hizo todo mal. Más allá de sus ideas, lo cierto es que lo votó una gran cantidad de personas ¿Qué autocrítica tienen ustedes, la CGT y la sociedad civil en su conjunto?

A mi me parece que hay que situar el desencanto y la desesperanza. Lo que está ocurriendo acá es un fenómeno que tiende a ser global. Específicamente, hace más de una década que la Argentina está atravesada por crisis económicas y sociales. Los últimos dos años de Cristina Fernández de Kirchner fueron decididamente malos, los 4 años de Mauricio Macri peores y los años del gobierno de Alberto Fernández, teniendo presente los acontecimientos globales ocurridos que no hace falta reiterar, empobrecieron y agravaron aún más la situación. 

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Por lo tanto, el desencanto y la desesperanza se remite a más de una década donde se ha cimentado la desconfianza, la sospecha, las dudas y la falta de arraigo en los partidos tradicionales de gran parte del pueblo argentino. Por supuesto hay que recuperarse de esta situación porque, al fin y al cabo, también es cierto que, a pesar de todo esos cimbronazos y dolores sociales que se han gestado desde la política, el sistema político ha bancado los trapos y esto no es un dato menor.

El descontento de las clases bajas

Una enorme cantidad de personas de los sectores más bajos, que podrían ser los parias de la India, votaron por Javier Milei. Esa gente no está dentro de los trabajadores que ustedes representan, en líneas generales se mantienen estables 7 millones de personas hace 50 años cuando se ha duplicado la población; es decir, son trabajadores informales. ¿Hay alguna responsabilidad de la CGT y de los sindicatos en general por no haber promovido alguna reforma laboral que sea más inclusivas? 

Creo que todo el mundo es responsable. Indudablemente este drama que tenemos entre manos no responde a un solo periodo ni a un solo autor. Ha habido errores descomunales a lo largo de este tiempo y, por otro lado, el sindicalismo ha reaccionado tarde a un sector social calamitoso, desprotegido, visceral al que ha contribuido, principalmente, en su consecuencia el ejercicio político. 

La Argentina hace mucho tiempo está estancada en su nivel económico de desarrollo y por lo tanto no fomenta el trabajo en el sector privado. En consecuencia el sector público es el mayor empleador que tiene hoy el país. Por otro lado, hay varias generaciones que están por fuera del circuito laboral al que nosotros debemos tender puentes mucho más concretos de lo que hemos hecho los últimos años. 

Es necesario interpretar eso que sucede allí debajo. Esas personas no solo no se sienten representadas por los sindicatos, sino que hay sectores que no se sienten representados por nadie. Su horizonte inmediato es ver si esa noche pone un plato de comida en su mesa. 

Por lo tanto, si hay hombres, mujeres y niños que están en esa situación durante un año, dos, un lustro, otro lustro, es imposible que allí haya una confianza en la propuesta política. Y cuando aparece alguien que señala culpabilidades y supuestamente tiene una superioridad moral, que pone en cuestión todo, es disruptivo. Se trata de algo distinto a lo que viene sucediendo hasta ahora. 

Marcha de la CGT en tribunales
Marcha de la CGT en tribunales

Llevamos 10 años de decadencia objetiva e indiscutible. Los que tienen 30 años no vieron nunca un año relativamente promisorio y siempre vieron que la Argentina iba para peor. Las personas de esta generación lo único que recuerdan es una reducción de su calidad de vida año a año, ¿no?

Hay una lógica de hierro. Desgraciada. A mi no me gusta repetirla, pero siempre se puede estar peor.

Claudio Mardones: La ley ómnibus es muy ambiciosa, cuenta con un importante recorte al derecho de huelga y ya tiene dictamen, queda un largo camino, pero políticamente, frente a esta situación, ¿qué va hacer la CGT? ¿Qué avizora frente a lo que encierra este proyecto y también del desarrollo y aplicación del protocolo antipiquetes?

Hay que recordar que Menem anunció la restricción al derecho de huelga el 17 de octubre, el día de la Lealtad peronista. Con la irrupción de la última dictadura militar, en el famoso Comunicado N°2, que tan bien lo describió Gustavo González en Perfil, no solo le descargabamos la responsabilidad de conducir todo el país a las Fuerzas Armadas, después hubo una batería de medidas que finalmente terminaron cerraron el Congreso y se conformó la Comisión de Asesoramiento Legislativo y a renglón seguido empezaron las detenciones de los principales políticos opositores, el cierre de la CGT y el apresamiento de dirigentes. Es decir, si vemos la deriva histórica sobre la libertad sindical, se está vulnerado cada vez más en casi todo el mundo. 

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El protocolo, y el mismo paquete de medidas, establece derechos esenciales en las principales actividades que ahora son trascendentes, teniendo en cuenta esto, casi todos estos segmentos fueron esenciales durante la pandemia. Ahora resulta que todo el espectro político ve como uno de los principales problemas las protestas de los sindicatos, la protesta social. Y a propósito de la pregunta anterior, un paro general, una protesta de ésta naturaleza no soluciona ningún problema. Mañana seguirán presentes, es un semáforo, una alerta. La protesta social es una preocupación institucional que ponemos sobre la mesa, porque, indudablemente, el ejercicio de la democracia es lograr el consenso, el acuerdo, el punto de equilibrio, para que las medidas que se tomen sean sostenidas a lo largo del tiempo. Con ley o sin ley. Con protocolo o sin protocolo.

MDP FM

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