martes, 23 julio, 2024
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La vuelta del trueque

En forma de feria, con la estética de una kermese o bajo el alto techo de un club vecinal, los espacios de trueque en el último tiempo volvieron a tomar protagonismo. Una práctica que tuvo su auge luego del fatídico diciembre de 2001 y que tras los últimos ajustes que realizó el Gobierno actual, emergió como una salida a la crisis que vive la sociedad argentina.

Distribuidos a lo largo y ancho del país, los centros de trueque surgen como respuesta a una política que acorrala al bolsillo del ciudadano. La ecuación es simple, los gastos aumentan por la inflación, el salario se mantiene estático y todo el dinero que ingresa se destina a los pagos obligatorios. El resto se lo busca por compensación, una cosa por otra, ya sea un bien o un servicio.

Revival. Horacio Covas es uno de los pioneros del arte del trueque. En el año 1995 fundó el Club del Trueque en el partido de Quilmes, espacio donde implementó una nueva forma de mercado, que se amplificó muchos años después en casi todos los barrios y provincias de Argentina. “Actualmente coordino el Club del Trueque de Victoria, en Bernal; pero en todas las provincias se realiza este mismo formato. Cada uno es independiente y autónomo pero al compartir los mismos principios éticos, estamos unidos en lo que se llama la Red Global del Trueque. En Ensenada hay 6 clubes de trueque que debido a la gran demanda de público, abre uno cada día de la semana, de lunes a sábado”, explica el mismo Covas a NOTICIAS sobre esta red que se ramifica sin estar condicionada al dinero.

Sobre el modo de intercambio, Covas desarrolla de manera coloquial su “Sistema de intercambio multirecíproco”. “Manejamos como unidad el crédito, que sería un peso un crédito, bajo la misma paridad del mercado. Por lo que si viene una persona con una remera que en un local está $6000, tiene en su poder 6000 créditos y los puede cambiar por todo lo que valga 6000 créditos. Este no es un modelo de acumulación, sino de redistribución”.

Covas maneja un grupo de WhatsApp de muchos participantes. Abre todos los domingos por la mañana en un Centro de jubilados y lo ideal es que por jornada no haya más de 100 personas para que todo se realice de manera dinámica. “Si bien desde el 95 nunca cerramos, hubo épocas en la que el público bajó considerablemente. Sin embargo desde diciembre el número de participantes comenzó a subir. De los 50 habituales pasamos a ser 100 y ya estamos manejando un universo de 300 personas que quieren traer sus bienes y servicios. Lo que más trae la gente es ropa, comida y productos del hogar y busca lo mismo”.

Otros lugares donde los espacios de trueque se hacen presentes son El Jagüel, José C. Paz, Floresta, La Boca y el de Parque Patricios, donde una vez por semana la gente se encuentra en uno de los costados del parque para ofrecer sus bienes. NOTICIAS recorrió sus stands, en los que se ofrece en su mayoría indumentaria para niños y adolescentes, comida casera y productos de limpieza en envases genéricos.

Susana, vecina de 38 años y vistiendo orgullosa la camiseta de Huracán reconoce: “Traje ropa de mi hijo más chico que ya no le entra y me llevo productos para la casa que necesito. Estoy contenta. Con algunas madres ya nos conocemos, con otras no, pero funciona porque hay respeto y entendemos la necesidad del otro”.

Federalismo. Pero esta práctica encierra a todo el país. En la ciudad de Posadas, Misiones, la que generó esta movida por explícito pedido de sus habitantes fue Dalila Blach, quien coordina el “Club del trueque Misiones”, el cual abre sus pasillos todos los viernes en la Plaza de Felix Bogado al 1288 en Posadas, Misiones. “Este espacio lo iniciamos en pandemia, cuando la gente estaba muy complicada porque había perdido sus ingresos y la actividad comercial estaba paralizada. En el 2021 lo cerramos pero en diciembre del año pasado muchos vecinos me pidieron por favor que lo abriera de vuelta. La gente está en crisis. Aumenta todo y no tiene plata. La única forma que tiene de adquirir las cosas es con un trueque o cambiando un producto por un servicio”. Sobre la posibilidad de que no se pongan de acuerdo en el valor del intercambio, Blach explica: “Tenemos moderadores que intervienen en base a los valores del mercado, pero lo cierto es que nunca hizo falta porque la gente lo hace por necesidad y ante la necesidad no está con ganas de pelear o de estafar al otro”.

Dicha plaza parece más una fiesta que un club de trueque. Oscar, “truequero viejo” como se dice llamar, comenta: “Hoy me fue muy bien. Cambié ropa y alimentos que es lo que necesitaba para mi bebé. Hasta traje una ventana pensando que no la iba a cambiar y la cambié por una bomba de agua. Para mí esto es el comercio real porque es valor por valor”. Otros hacen de su oficio la moneda de cambio y entre los rubros más canjeados se encuentran peluquería, masajes, manicuría y tarot.

Sin dinero en la calle, los clubes de trueque parecen un bálsamo para paliar el momento. Como bien concluye Covas: “Con en el trueque no se gana plata pero sí se ahorra plata”. Y esa parece ser la única verdad.

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