El máximo galardón de la arquitectura mundial, el Premio Pritzker, ha recaído este año en la figura introspectiva y alejada de los grandes focos del chileno Smiljan Radic. Con 60 años y una carrera desarrollada principalmente en su país, Radic se caracteriza por una producción arquitectónica que privilegia la modestia, la experimentación y un diálogo profundo con el entorno natural y cultural.
Una filosofía de la fragilidad
El acta del jurado subrayó que la obra de Radic se sitúa en “la encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural”. Sus edificios, lejos de buscar la monumentalidad o una presencia imponente, exploran una estética que él mismo define como “austeridad”. “Se trata de despojar la obra de todo exceso, reducirla a su esencia”, explicó el arquitecto en declaraciones recogidas por la organización del premio.
Esta búsqueda se traduce en estructuras que a menudo parecen provisionales, inestables o deliberadamente inacabadas, pero que ofrecen refugios “optimistas y serenamente alegres”, según el fallo. Para Radic, aceptar la vulnerabilidad es una condición intrínseca de la vida, y su arquitectura refleja esa premisa.
Obra situada y esencial
Radic saltó a la fama internacional en 2014 con el diseño del Serpentine Pavilion en Londres, un pabellón efímero que equilibraba una cubierta de fibra de vidrio sobre piedras toscamente talladas. Sin embargo, su producción más representativa se encuentra en Chile y se materializa en proyectos de diversa escala, desde una parada de autobús hasta un teatro regional.
Ejemplos de una arquitectura despojada
El Teatro Regional del Biobío (2018), en Concepción, es un claro ejemplo. Su volumen de concreto está envuelto en una piel semitranslúcida que ha sido comparada con una linterna de papel, creando un juego de luces y sombras. Otro proyecto emblemático es la Bodega VIK en Millahue (2013), donde un extenso techo de tela blanca se despliega como un ala sobre el paisaje, acompañado de una explanada con agua corriente.
Incluso en intervenciones menores, como la parada de autobús en Krumbach, Austria (2013), su lenguaje se mantiene: una caja de cristal con techo de concreto a la que se adosa una casa para pájaros, integrando lo funcional con un gesto poético mínimo.
Polémica en la fundación y mirada al futuro
El anuncio del galardón a Radic se produjo en un contexto particular para la Fundación Pritzker. Recientemente, se conocieron detalles sobre la relación entre Tom Pritzker, director de la fundación, y el financiero Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales. Pritzker reconoció haber mantenido contacto con Epstein después de su condena en 2008, lo que calificó como un “terrible juicio”.
Una portavoz del premio aclaró que, si bien Tom Pritzker sigue siendo director de la fundación, “habrá distancia entre Tom y los asuntos relacionados con el premio, incluidas las actividades ceremoniales”. El premio, que incluye una medalla de bronce y 100.000 dólares, se entregará en una ceremonia posterior.
Para Smiljan Radic, el Pritzker significa “una gran sorpresa” que le obliga a mirar su trayectoria desde una nueva perspectiva. Afirma que su trabajo se desarrolla “caso por caso”, guiado por sus “prejuicios y obsesiones propias, las raíces propias”. Con este reconocimiento, la arquitectura de la austeridad y la esencia encuentra su lugar en el olimpo del diseño mundial.
