En el corazón de la primavera boreal, mientras millones de cristianos en el mundo conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, la maquinaria federal de Estados Unidos opera con total normalidad. La Semana Santa, pese a su enorme relevancia para una parte significativa de la población, no goza del estatus de feriado a nivel nacional. Este tratamiento contrasta con el de la Navidad, la única festividad cristiana reconocida universalmente por el gobierno federal.
Un asunto de estados y constituciones
La autoridad para declarar días festivos no laborables recae, en primera instancia, en el gobierno federal. Sin embargo, para celebraciones como la Pascua, la decisión final ha sido delegada históricamente a los estados y jurisdicciones locales. Este enfoque no es casual, sino que hunde sus raíces en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, la cual prohíbe al Congreso establecer leyes que respalden oficialmente una religión.
El debate jurídico se centra, precisamente, en si reconocer un feriado como el Viernes Santo –que conmemora exclusivamente un evento religioso cristiano– constituye una violación a ese principio de neutralidad estatal. Según análisis legales, como los compilados en la NYU Law Review, el riesgo percibido es que el Estado podría, de facto, estar favoreciendo al cristianismo sobre otras confesiones.
Un mosaico de decisiones estatales
Frente a esta encrucijada federal, los estados han tomado caminos divergentes. Para 2026, se prevé que once estados, entre los que se encuentran Connecticut, Nueva Jersey y Hawái, observen el Viernes Santo como feriado estatal. En estos territorios, oficinas públicas y escuelas pueden cerrar, marcando una pausa en el calendario laboral y académico.
No obstante, la validez de estas leyes ha sido puesta a prueba en los tribunales con resultados mixtos. Un tribunal de apelaciones, por ejemplo, avaló la ley de Hawái argumentando que el feriado podía justificarse por razones seculares, como la previsión de un alto ausentismo. En cambio, otro tribunal invalidó una norma similar en Illinois, considerando que su efecto era otorgar un beneficio específico a los cristianos, rompiendo la neutralidad religiosa requerida.
La búsqueda de un equilibrio
El núcleo de la controversia reside en si es posible separar el significado puramente religioso del Viernes Santo de posibles justificaciones seculares para un día de descanso. Los fallos judiciales reflejan esta tensión: algunos ven en la declaración del feriado una simple adaptación a la realidad social y demográfica de un estado, mientras que otros lo interpretan como un endoso gubernamental a una creencia particular.
Este panorama fragmentado asegura que, cada año, la Semana Santa sea experimentada de manera distinta a lo largo y ancho del país. Mientras en algunas ciudades la actividad se detiene el Viernes Santo, en la mayoría el ritmo de vida continúa inalterado, reflejando el complejo y a menudo delicado equilibrio entre la tradición religiosa, la práctica secular y el mandato constitucional de separación entre iglesia y estado en la sociedad estadounidense.
