La misión de la NASA plantea un desafío nutricional único, con alimentos diseñados para ser estables, seguros y fáciles de preparar en microgravedad, sin posibilidad de reabastecimiento.
La misión Artemis II de la NASA no solo representa un hito en la exploración espacial, sino también un desafío logístico y nutricional sin precedentes. Al tratarse de un viaje alrededor de la Luna en la nave Orion, la alimentación de los astronautas ha sido diseñada bajo estándares estrictos para garantizar su salud y rendimiento en un entorno sin reabastecimiento ni refrigeración.
A diferencia de la Estación Espacial Internacional, que recibe alimentos frescos periódicamente, la nave Orion es un vehículo autónomo donde cada gramo cuenta. Los alimentos seleccionados deben ser estables en estantería, seguros y fáciles de preparar en microgravedad.
La estrategia alimentaria se basa en cuatro pilares tecnológicos: Para calentar sus porciones, la tripulación cuenta con un calentador de alimentos compacto, similar en tamaño a un maletín.
A pesar de las limitaciones de masa y volumen, los astronautas tuvieron una participación directa en la elección de su dieta. Durante las pruebas previas al vuelo, cada miembro probó y calificó los ítems del menú estándar para equilibrar sus preferencias individuales con los requerimientos nutricionales y las capacidades de la nave.
En un día típico de misión, la rutina incluye desayuno, almuerzo y cena. Además, cada tripulante tiene asignadas dos bebidas saborizadas por día, que pueden incluir café, aunque las opciones son limitadas debido a las restricciones de peso de la nave.
La alimentación cambia según el momento del viaje: Cabe resaltar que para facilitar la logística, la comida de cada tripulante para un período de dos a tres días se empaqueta en un solo contenedor, permitiendo cierta flexibilidad en la elección de los platos durante la misión.
