La Basílica del Santo Sepulcro, en el centro de tensiones por ataques recientes, es el epicentro de investigaciones históricas que buscan confirmar si es el sitio real de la crucifixión y sepultura de Jesús.
La decisión inicial del gobierno israelí de prohibir las celebraciones de Semana Santa en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, argumentando razones de seguridad tras impactos de fragmentos de misiles, fue revertida tras protestas internacionales. El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció que se permitirán las ceremonias y garantizó el acceso del clero.
El complejo, custodiado por varias iglesias cristianas, no solo es un lugar de culto, sino también un sitio de trabajo para arqueólogos e historiadores. Ariel Horovitz, historiador del Moriah Center, condenó los recientes ataques con misiles y destacó la importancia de Jerusalén para las tres religiones monoteístas.
Horovitz explicó que la basílica actual, construida en el siglo XII, es una fuerte candidata a ser el lugar histórico de los hechos de la Pasión, ya que la veneración en el sitio se puede rastrear casi hasta la época de Jesús. Como evidencia, señaló que el emperador Adriano construyó un templo a Venus en el mismo lugar en el año 135, posiblemente para contrarrestar la devoción cristiana, cuyos restos aún son visibles.
Existe otra ubicación candidata, conocida como la Tumba del Jardín, ubicada a 600 metros al norte y preferida por algunas iglesias protestantes. Sin embargo, su descubrimiento es mucho más reciente (1867).
Fuera de los textos bíblicos, la primera mención histórica de Jesús corresponde al historiador judío Flavio Josefo en el siglo I. Horovitz también destacó que, pese a las persecuciones y la destrucción del año 70, las comunidades cristianas mantuvieron una presencia continua en Jerusalén, lo que fortalece la tradición sobre la ubicación del Santo Sepulcro.
