Expertos en museos detallan los rigurosos procedimientos técnicos, administrativos y científicos que se activan para mover una pieza de arte, un proceso conocido como “de clavo a clavo”, donde nada se deja al azar.
El traslado de una obra de arte de un museo a otro es un proceso minucioso y altamente regulado, lejos de la simple imagen de enrollar un cuadro y transportarlo en una caja. Expertos en conservación y comisariado subrayan que se activa un mecanismo que involucra a casi toda una institución, donde la ciencia y los protocolos técnicos prevalecen sobre consideraciones pasionales o políticas.
“Es importante que el público entienda que un cuadro no se pide, se enrolla, se mete en una caja y viaja”, explica Estrella de Diego, historiadora del arte y comisaria. El proceso, conocido en el ámbito como “de clavo a clavo”, abarca todas las operaciones desde que un operario retira la obra de su ubicación original hasta que regresa al mismo punto.
Reyes Carrasco, coordinadora general de Conservación del Museo del Prado, con más de 30 años de experiencia, afirma: “Nada se deja al azar: desde la primera llamada, que suele ser una conversación entre directores, hasta el momento en que la obra vuelve a origen, todo está regulado por procedimientos técnicos, administrativos y científicos muy precisos”.
El primer paso es una solicitud formal que detalla la obra, las fechas y el proyecto expositivo. Luego, se evalúa un documento crucial: el facility report, un informe confidencial que describe en detalle el edificio y la sala de destino, incluyendo accesos, medidas de seguridad y condiciones ambientales, como mantener una temperatura constante de unos 22 grados.
“No es lo mismo trasladar una pintura sobre lienzo que una escultura, una moneda antigua o un objeto de materiales orgánicos como la madera o las plumas”, añade Carrasco. Cada material y el estado de conservación de la pieza determinan el protocolo a seguir. “La obra es un ser vivo, e igual que a nosotros, le afectan los cambios de presión y los ajetreos”, apunta De Diego.
En instituciones públicas, el proceso está sujeto a vigilancia estatal, incluyendo concursos públicos para elegir empresas de transporte. Además, los máximos órganos de los museos y, en préstamos internacionales, organismos como la Junta de Calificación del Ministerio de Cultura, deben dar su autorización.
Este tema cobra relevancia en el contexto de debates como la solicitud del Gobierno vasco para que el Guernica de Picasso viaje a Bilbao. El cuadro, pintado con urgencia y con múltiples capas superpuestas, presenta desafíos de conservación distintos a los de una obra antigua con pigmentos estables, demostrando que cada traslado es un caso único y altamente especializado.
