Un consorcio privado presentó una iniciativa para renovar la Terminal de Ómnibus de Retiro, con una inversión de u$s79 millones y una concesión por 30 años. El proyecto prevé triplicar su superficie, convertirla en un hub intermodal y generar más de 1.500 empleos permanentes.
La Terminal de Ómnibus de Retiro se encuentra ante la posibilidad de encarar una reconversión profunda. Con un movimiento que supera los 14,6 millones de pasajeros al año y un flujo diario cercano a los 40.000 usuarios, el predio ocupa un rol central dentro del sistema de transporte argentino, aunque arrastra limitaciones estructurales propias de un modelo que quedó desactualizado frente a las nuevas dinámicas urbanas.
En ese contexto, un consorcio de empresas privadas presentó una iniciativa para tomar la concesión del complejo y avanzar con una renovación integral. La propuesta busca dejar atrás el formato tradicional de terminal para dar paso a un hub intermodal, capaz de articular distintos medios de transporte —ómnibus, trenes, subte y colectivos— y, al mismo tiempo, incorporar servicios que amplíen su funcionamiento más allá del traslado de pasajeros.
El proyecto prevé una inversión estimada en u$s79 millones y una concesión por 30 años, bajo un esquema en el que el financiamiento y la ejecución quedan completamente en manos del sector privado. De este modo, el Estado no realizaría aportes directos para la obra, mientras que el concesionario asumiría el riesgo económico a cambio de explotar el complejo.
El modelo de negocios se apoya en la diversificación de actividades dentro del predio: desde la operación de locales comerciales y gastronómicos hasta el desarrollo de espacios corporativos, servicios logísticos y estacionamientos. A esto se suma el cobro de canon a las empresas de transporte y el pago de un canon mensual al Estado, lo que permitiría generar ingresos públicos sostenidos.
Uno de los aspectos más visibles de la iniciativa es la ampliación del predio. La terminal pasaría de los actuales 30.000 metros cuadrados a cerca de 90.000 m² construidos, lo que implica triplicar su tamaño y habilitar una mayor diversidad de funciones. En ese esquema, el espacio incorporaría locales comerciales y gastronómicos, áreas de oficinas, sectores de coworking, servicios logísticos, hotelería y hasta un centro de convenciones.
La propuesta también pone el foco en la operación diaria, con una reorganización integral de las circulaciones y los servicios. El rediseño contempla la incorporación de 80 dársenas para ómnibus y 50 destinadas a encomiendas, lo que permitiría optimizar los ingresos y egresos, reducir tiempos de espera y mejorar la experiencia de los usuarios. A partir de estas mejoras, se proyecta que la capacidad de la terminal pueda escalar hasta 35 millones de pasajeros anuales hacia 2055.
Otro de los ejes del proyecto es la relación de la terminal con su entorno. La nueva propuesta busca revertir la lógica de espacio cerrado mediante la incorporación de espacios abiertos y una plaza pública, pensados para mejorar la circulación y generar nuevos puntos de encuentro. Esta apertura apunta a que la terminal deje de ser un lugar de paso y se convierta en un área integrada a la ciudad.
La magnitud del proyecto obliga a resolver uno de los principales desafíos: cómo transformar la terminal sin afectar su funcionamiento. Para eso, el plan fue diseñado en cinco etapas, que permitirán intervenir el predio de manera progresiva. La estrategia contempla no afectar más del 30% de los andenes al mismo tiempo, mantener abiertos al menos la mitad de los accesos peatonales y concentrar las tareas de mayor impacto en horarios nocturnos o de menor demanda.
Además de la transformación física, el proyecto proyecta un impacto en el empleo y la actividad económica. Durante la etapa de obra se estiman entre 800 y 1.500 puestos de trabajo, mientras que, una vez en funcionamiento, el complejo podría generar más de 1.500 empleos permanentes.
