China ha pasado de ser la gran fábrica del mundo a convertirse en un laboratorio de innovación. Su apuesta por la ciencia, la tecnología y la educación la posiciona como líder global en sectores como la robótica y la inteligencia artificial.
China, conocida históricamente como el ‘gigante dormido’, ha despertado con fuerza en el ámbito tecnológico. Hoy, sus dragones ya no escupen fuego, sino que impulsan la innovación de vanguardia. El país asiático ya no es solo el taller del mundo, sino también su principal laboratorio de anticipación del futuro.
China fue pionera en inventos como la pólvora, la imprenta y la brújula. Sin embargo, durante el esplendor imperial de las dinastías Ming y Qing (siglos XVI al XVIII), perdió ese liderazgo. Factores como una población masiva que abarataba la mano de obra, un sistema de exámenes que desviaba a los talentos hacia la burocracia y un neoconfucianismo que relegaba las matemáticas y la tecnología, frenaron su avance.
Mientras Europa, fragmentada y competitiva, impulsaba la ‘ilustración industrial’, China priorizó la estabilidad interna y la agricultura. El historiador Kenneth Pomeranz, en su obra La gran divergencia, explica cómo Europa superó a China en desarrollo científico. Esta idea responde a la pregunta del bioquímico Joseph Needham: ‘¿Por qué China, siendo líder tecnológica durante siglos, no originó la Revolución Científica?’
Hoy, esa brecha se está cerrando. A partir de 1978, con las reformas de Deng Xiaoping y las ‘Cuatro Modernizaciones’, China abrió su economía al libre comercio. Actualmente, bajo el liderazgo de Xi Jinping, el país busca restaurar su gloria perdida tras el ‘siglo de la humillación’ (1839-1949).
La política china se basa en inversiones masivas en ciencia y tecnología, libertad para la investigación y una rápida transferencia del laboratorio a la producción. Su sistema educativo, enfocado en matemáticas, ingeniería y ciencias, produce más graduados en estas áreas que Estados Unidos y Japón juntos.
Un ejemplo emblemático es Shenzhen, la ‘ciudad instantánea’ que pasó de ser un conjunto de aldeas pesqueras en 1979 a una megaciudad de más de 17 millones de habitantes. Allí tienen sede empresas como Huawei y DJI, líder global en drones. Shenzhen se perfila como el nuevo Silicon Valley, especializado en robótica e inteligencia artificial.
Mientras en Occidente muchas empresas aún experimentan con prototipos, las firmas chinas ya comercializan robots humanoides con IA integrada, aspirando a que el robot doméstico sea tan común como un smartphone.
