La representante a la Cámara Mafe Carrascal respondió a la columna de la periodista Maritza Aristizábal, quien sugirió ignorar al presidente colombiano Gustavo Petro. Carrascal calificó la propuesta como un intento de exclusión política y defendió la función del periodismo.
La reciente columna de opinión de la periodista Maritza Aristizábal, titulada “Silenciemos a Petro”, publicada en La República, generó una respuesta de la representante a la Cámara Mafe Carrascal. En su artículo, Aristizábal afirmó que “es hora de ‘silenciar’ a Petro. No censurarlo: ignorarlo”. Según la periodista, tras cuatro años de atención constante al presidente saliente, el país debería “bajarle el volumen a teorías, conspiraciones y paranoias”, argumentando que la sociedad estuvo en “modo alerta, tratando de entender, descifrar y encontrar lógica donde a veces ni siquiera había ortografía”. Aristizábal sostuvo que el momento actual exige “pasar la página y mirar hacia adelante, sin el eco de quien no acepta el final”.
Carrascal criticó la propuesta y la ubicó en un contexto de exclusión política. “Esto parece hacer parte de ese clima en el que algunos ya no solo quieren derrotarnos en las urnas, sino también sacarnos de la conversación pública: silenciarnos, borrarnos de las agendas”, señaló la congresista. Para Carrascal, el llamado a ignorar a Petro no puede leerse de manera inocente en un país donde la violencia política ha dejado profundas huellas. “Las palabras importan. También construyen climas políticos”, recordó.
La representante del Pacto Histórico cuestionó la visión periodística de Aristizábal. “Perdón que tenga que sugerirle cómo hacer buen periodismo, Maritza, pero el periodismo no consiste en decirle a la sociedad a quién debe escuchar o a quién debe silenciar. Consiste, justamente, en hacer lo contrario: escuchar, contrastar, verificar y contextualizar”, respondió. Carrascal citó al teórico estadounidense Walter Lippmann, quien defendía que “la función del periodismo es ofrecer a la ciudadanía los elementos para comprender la realidad, no administrar qué voces merecen ser oídas”. También mencionó a Bill Kovach y Tom Rosenstiel, autores de “Los elementos del periodismo”, quienes afirman que “la primera lealtad del periodismo es con la verdad y con los ciudadanos, no con una estrategia política para desgastar o invisibilizar a un gobernante”.
Carrascal subrayó que la crítica y la vigilancia al poder son esenciales en democracia, pero advirtió sobre los riesgos de promover el silencio como respuesta a la diferencia política. “Podemos discrepar profundamente del presidente Petro. Podemos controvertir cada una de sus decisiones, exigirle resultados y fiscalizar su gobierno con el mayor rigor. Eso es democracia”, señaló. “Pero proponer que ‘silenciemos’ al presidente de la República —elegido por más de 11 millones de colombianos— no fortalece el debate democrático; lo empobrece”.
La congresista insistió en que “el papel del periodismo nunca ha sido decidir quién habla. Su responsabilidad es ayudar a que la ciudadanía pueda distinguir entre los hechos, la propaganda y la opinión”. Advirtió que cuando un periodista “propone el silencio como método, deja de confiar en la inteligencia de la sociedad y renuncia a la esencia misma de su oficio”. Para Carrascal, “no necesitamos menos voces en democracia. Necesitamos más y mejor periodismo, más argumentos y más ciudadanía capaz de decidir por sí misma”.
Carrascal también llamó la atención sobre los peligros de fomentar exclusiones y legitimaciones de la violencia política. “Ojo: que esa ‘higiene mental’ no termine validando violencias ni alimentando un ambiente donde excluir al contradictor parezca aceptable”, alertó. En su respuesta, también afirmó: “Usted dice que está ‘agotada de intentar comprender’ al presidente. Tal vez ahí está el problema: cuando uno se cansa de comprender, deja de hacer periodismo y empieza a hacer militancia”.
Finalmente, la congresista recordó que “los micrófonos no pertenecen a los medios ni a los columnistas. La información es un derecho de la ciudadanía, no una concesión de quienes creen que pueden decidir quién merece ser escuchado”. Según Carrascal, “los periodistas no están llamados a administrar el derecho a la palabra, sino a garantizar que el debate público esté sustentado en hechos, contexto y pluralidad. Porque en una democracia el antídoto contra las malas ideas nunca ha sido el silencio, sino mejores argumentos”.
