La venta del control de Los Angeles Lakers a Bob Iger y Josh Kushner, valuada en USD 12.500 millones, se encuentra en revisión. Mark Walter y el Buss Family Trust mantienen el control operativo, mientras Jeanie Buss continúa como gobernadora del equipo.
El acuerdo para vender el control de Los Angeles Lakers a Bob Iger y Josh Kushner, con una valoración de USD 12.500 millones, abrió un proceso de transición en la franquicia. La operación aún requiere revisión y Mark Walter conserva el control operativo junto al Buss Family Trust.
Jeanie Buss continúa como gobernadora operativa del equipo. Sus hermanos votaron cinco a cero a favor de acompañar la venta y desprenderse de sus acciones remanentes; ella se abstuvo y presentó una moción para impugnar esa votación.
Según The Athletic, desde que Iger y Kushner acordaron la compra del control de la franquicia, no hubo cambios de fondo dentro de las oficinas. Lon Rosen, que asumió el área comercial tras la adquisición de Walter el año pasado, siguió activo en las reuniones, de acuerdo con fuentes citadas por la publicación.
La organización mantuvo entrevistas para varios cargos. Hace dos semanas publicó una búsqueda de productor de video en el portal Teamwork Online. Esa actividad no se extendió a las posiciones de mayor jerarquía, sobre todo en operaciones de básquetbol, según fuentes de alto rango citadas por The Athletic.
Dentro del club rechazaron la idea de una “congelación de contrataciones”, pero varias voces admitieron que no tenía sentido avanzar con incorporaciones de peso en medio de la transición. Esa pausa alcanzó al puesto de asistente de gerente general que Rob Pelinka había dicho que el equipo planeaba sumar en esta pretemporada.
Al final de la temporada, los Lakers incorporaron a Rohan Ramades como asistente de gerente general de estrategia y sistemas de datos, y la evaluación inicial sobre su trabajo fue favorable, según The Athletic. La franquicia ofreció el otro cargo de asistente de gerente general a Steve Senior, de Minnesota, y a Prosper Karangwa, de Filadelfia, pero ambos optaron por seguir en sus equipos.
Las conversaciones para ampliar la estructura de la oficina deportiva siguieron en marcha. No quedó claro cómo ni cuándo se designará a la persona que lidere un equipo de observación profesional que la organización considera necesario.
La transición anterior, desde el estilo familiar de la familia Buss hacia un régimen más orientado a resultados económicos bajo Walter, incluyó despidos en varias rondas y una reorganización de prioridades. También hubo cambios laborales que generaron rechazo. La dirigencia eliminó el esquema híbrido y exigió cinco días de trabajo presencial en la sede de El Segundo, California; la política se relajó durante el verano y el edificio volvió a vaciarse.
El 12 de agosto, cuando se conoció el acuerdo, el estacionamiento estuvo lleno y los pasillos, colmados. Una fuente de la organización dijo que sus compañeros se aseguraron de presentarse en la oficina. La escena no estuvo marcada por el pánico, sino por una mezcla de incredulidad y rutina.
Más de media docena de empleados actuales, todos bajo condición de anonimato, transmitieron una mirada positiva sobre el rumbo posible con Iger y Kushner, según The Athletic. Algunos empleados cuestionaron la influencia del modelo de los Dodgers, al que asociaron con un mayor peso de la analítica. Entre quienes desconfiaron de esa orientación, la posibilidad de un nuevo equipo de conducción no fue recibida con disgusto, aunque todavía haya incógnitas.
Una de las fuentes resumió la situación: el día de la venta, miró a sus compañeros, se rió y se encogió de hombros ante otra reestructuración difícil de creer.
