Los asaltantes que hirieron a un comisario inspector retirado cerca del colegio Emaús robaron un Peugeot 308 blanco 18 cuadras más adelante. Los vehículos fueron hallados en la villa Carlos Gardel.
Cinco minutos después de balear al comisario inspector retirado de la policía bonaerense a pocos metros del colegio Emaús, en El Palomar, los delincuentes cometieron otro asalto.
El oficial retirado frustró los robos de su Peugeot 208 blanco y de la camioneta Ford Ranger negra de la madre de una alumna, por lo que los asaltantes continuaron con un raid delictivo en busca de automóviles.
Según fuentes de la investigación, los ladrones que protagonizaron el tiroteo forman parte de una banda dedicada a robar automóviles en la zona y que cobra $2.000.000 por cada vehículo.
A 18 cuadras de la escena del tiroteo, en la esquina de Enrico Fermi y Sargento Cabral, los malvivientes, vestidos con ropas negras, interceptaron a una joven madre, amenazaron con matar a sus dos hijos y se apoderaron de su Peugeot 308 blanco.
Este fue el último de los vehículos que la banda robó en un raid delictivo que había comenzado el miércoles a las 17.30 cuando, en la misma zona, a punta de pistola, al menos cuatro integrantes de la organización criminal se apoderaron de un Peugeot 208 gris oscuro.
Al día siguiente, los malvivientes, a bordo de ese automóvil, se dirigieron a la zona del colegio donde planeaban robar los vehículos de los padres de los alumnos que estacionan en doble fila y, en algunos casos, los dejan abiertos hasta que acompañan a los niños a la puerta del establecimiento.
A tres cuadras y media del colegio, los delincuentes aprovecharon el descuido de un vecino para robarle una Toyota Yaris. Con ese automóvil y el Peugeot 208 gris oscuro, los ladrones llegaron a las inmediaciones del colegio, en Santiago Brian al 900. Allí advirtieron que un padre, a bordo de un Peugeot 208 blanco, abandonaba el vehículo para acompañar a su hija a la puerta del establecimiento.
En ese momento se produjo una división de roles. Cuatro ladrones descendieron del Peugeot 208 gris oscuro y de la Toyota Yaris del mismo color, dos de ellos apuntaron al padre de una alumna, sin saber que era un policía retirado. Los otros dos amenazaron a la madre de otra alumna que llegaba en una camioneta Ford Ranger negra.
El dueño del Peugeot 208 blanco se identificó como miembro de una fuerza de seguridad e impartió la voz de alto. Los asaltantes, que tenían superioridad numérica, dispararon primero e hirieron de tres balazos al policía retirado. Los ladrones aprovecharon la confusión y el pánico generalizado entre los padres de los alumnos para huir en los dos vehículos en los que habían llegado.
Los asaltantes recorrieron 18 cuadras y, al llegar a la esquina de Enrico Fermi y Sargento Cabral, sorprendieron a una joven madre que instantes antes había salido de su casa para llevar a sus pequeños hijos al colegio.
Una cámara de seguridad privada grabó la escena en la que el ladrón que conducía el Peugeot 208 gris oscuro interceptó a la conductora del Peugeot 308 blanco. Al mismo tiempo, un delincuente descendió del automóvil oscuro y apuntó con un arma a la joven madre que segundos antes había realizado una maniobra para eludir a los asaltantes.
Con los tres vehículos, el Peugeot 208 gris oscuro, el Peugeot 308 blanco y la Toyota Yaris, los malvivientes se dirigieron a la villa Carlos Gardel, donde estacionaron los automóviles y los dejaron “enfriar”, según la jerga delictiva.
Este término se utiliza para denominar a la maniobra que realizan las bandas que se dedican a robar automóviles y los estacionan en un determinado lugar hasta comprobar que ninguna empresa dedicada a la recuperación de vehículos sustraídos concurre al lugar a buscarlos.
Con esta maniobra, los asaltantes también se aseguran que los vehículos robados no tienen los localizadores satelitales. De esta forma, otros integrantes de la banda que actúan como “pasadores” retiran esos vehículos y los llevan a los talleres donde los convierten en “mellizos” o a la frontera con Paraguay, donde los cambian por droga.
Según la información aportada por una fuente de la investigación, los asaltantes que concretan los robos a mano armada o “de caño” cobran $2.000.000 por cada vehículo sustraído.
