Un artículo del Lic. Nicolás Rinaldi Gallini analiza el suicidio desde una perspectiva que excede el diagnóstico individual y propone interrogantes sobre el contexto social y las alternativas de prevención.
Cuando ocurre un suicidio, casi de inmediato buscamos una explicación: una depresión, una ruptura, una pérdida, un problema familiar. Necesitamos ordenar lo ocurrido y, muchas veces, terminamos ubicando el problema dentro del individuo.
Pero existe otra pregunta, menos cómoda: ¿qué tiene el sistema en el que vivimos que, en ciertos momentos, hace que el sufrimiento parezca no tener salida? Ningún suicidio tiene una causa única; aun así, interrogar el contexto no es un lujo teórico, sino una forma de prevención.
En 1972, Jacques Lacan formuló el “discurso capitalista” para pensar cómo un sistema social organiza el lazo entre las personas. Su punto de partida: estamos atravesados por una falta, siempre queremos algo más. El capitalismo promete taponarla y el consumo aparece como el camino hacia la completud. Pero la falta es estructural: ninguna adquisición puede eliminarla.
El problema se agrava porque ese mismo sistema produce condiciones económicas precarias que dificultan cubrir necesidades básicas, y mucho más proyectar un futuro. A esto se suma una lógica meritocrática que convierte las dificultades estructurales en responsabilidad individual: si no llegaste, parece que no hiciste lo suficiente.
Entonces bien, ¿qué tenemos para decir cuando identificamos que estamos inmersos en una lógica en donde se plantea una completud -inaccesible- mediante el consumo, mientras precariza los medios para acceder a él y responsabiliza al sujeto por dicha inaccesabilidad?.
¿Qué hacer frente a esto? Empezar por lo cotidiano: construir entre todos mecanismos de ayuda mutua. Sé que cuesta, cada uno carga con sus propios problemas, pero en el lazo está el sentido: nadie se salva solo. Y eso requiere también instituciones que acompañen: salud mental accesible y espacios que contengan.
Mientras tanto, conviene saber que existen intervenciones basadas en evidencia para el riesgo suicida. Una es el plan de seguridad: una guía personal con señales de alarma, estrategias para regular las emociones, lugares y personas que ayudan a distraerse, y contactos a quienes pedir ayuda. Elaborado junto a un profesional, mostró ser efectivo en personas en riesgo.
Por lo desarrollado en el presente artículo, quizá nos sea necesario invertir el enfoque. No solamente preguntarnos qué llevó a una persona a suicidarse, sino qué fue ocurriendo alrededor de ella mientras sus alternativas se reducían. Qué vínculos se deterioraron, qué posibilidades económicas desaparecieron, qué expectativas se volvieron inalcanzables, qué espacios de pertenencia se perdieron, qué instituciones dejaron de contener y qué discursos hicieron que pedir ayuda pareciera una señal de fracaso.
Porque quizás la pregunta más incómoda no sea solamente “¿por qué alguien quiso morir?”, sino: ¿qué estamos haciendo para que vivir siga siendo una alternativa posible?
Si te sentís mal, pedí ayuda. “pedir ayuda también es una forma de ampliar las alternativas. 135 (gratuito en CABA y GBA), al (011) 5275-1135 desde todo el país, o al 0800 345 1435.
Lic. Nicolás Rinaldi Gallini
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