El presidente chino, Xi Jinping, realizó una visita de Estado a Washington, la primera de un líder del gigante asiático en este formato en más de una década. La agenda incluyó una cena oficial, reuniones bilaterales y anuncios sobre intercambios juveniles y préstamo de pandas. Las conversaciones abordaron Taiwán, Oriente Medio, inteligencia artificial y la tregua arancelaria.
El presidente de China, Xi Jinping, realizó una visita de Estado a Washington, la primera de un líder del gigante asiático en este formato en más de una década. La agenda incluyó una cena oficial, reuniones bilaterales y anuncios sobre intercambios juveniles y préstamo de pandas. Las conversaciones abordaron Taiwán, Oriente Medio, inteligencia artificial y la tregua arancelaria.
El miércoles pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió a Xi Jinping y a la primera dama, Peng Liyuan, en la base aérea de Andrews. Al día siguiente se realizó una ceremonia oficial con salvas de honor, despliegue de trompetas y banderas, y una cena de Estado en la Casa Blanca a la que asistieron más de 130 invitados, entre ellos directores ejecutivos de empresas tecnológicas como Elon Musk (Tesla/SpaceX), Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Jensen Huang (Nvidia) y Sam Altman (OpenAI).
Trump obsequió a Xi con una visita privada para supervisar las obras del futuro salón de baile de la residencia presidencial.
“Ostentar, esa era la idea. El mensaje consistía en decir que ambos líderes son capaces de gestionar eficazmente las relaciones entre China y Estados Unidos dentro de límites tolerables de competencia. Ninguno de los dos dirigentes esperaba gran cosa del otro”, declaró Ryan Hass, del laboratorio de ideas Brookings.
Trump sostuvo que existe una “verdadera gran amistad” y un sólido entendimiento personal con Xi. Por su parte, Xi destacó la importancia de la “relación personal” y abogó por la coexistencia pacífica.
Como gestos de distensión, Beijing se comprometió a invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a programas de intercambio durante un lustro y a ceder dos pandas a un zoológico de Atlanta.
Líneas rojas y reclamos de Xi Jinping
Durante las conversaciones oficiales, Xi Jinping advirtió sobre el peligro de caer en la “trampa de Tucídides”, el fenómeno histórico por el cual una potencia emergente choca inevitablemente con una potencia hegemónica preexistente. Para contrarrestarlo, exigió un respeto estricto a los intereses vitales de Beijing.
Xi exigió a Washington tratar la cuestión de Taiwán “con prudencia” y oponerse abiertamente a cualquier tentativa de independencia de la isla, la cual Beijing reclama como parte inalienable de su territorio.
El mandatario chino también reclamó un acuerdo negociado urgente con Irán —aliado estratégico de China— para frenar las consecuencias económicas y geopolíticas globales derivadas de los conflictos en Oriente Medio.
En el terreno tecnológico y de la inteligencia artificial, existió un consenso general sobre la necesidad de mantener el control humano sobre los sistemas de IA, aunque persistió una profunda desconfianza mutua debido a los controles de exportación de microchips y restricciones impuestos por Washington.
En materia comercial, se acordó prorrogar temporalmente la tregua arancelaria hasta el mes de febrero. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció la prórroga hasta el próximo 10 de enero. Los expertos coinciden en que no se vislumbra una solución estructural de fondo a la rivalidad económica global.
El intercambio comercial bilateral continúa operando bajo alta tensión, con previsiones de que China alcance un superávit comercial cercano al billón de dólares por segundo año consecutivo.
Los analistas sostienen que la tregua arancelaria le permite a Trump superar las elecciones de medio mandato de noviembre.
Un banquete con lubina y helado de miel de la Casa Blanca
La cena de Estado comenzó con un brindis que incluyó el espumoso estadounidense Schramsberg Blanc De Noir, evocando el histórico “Brindis por la Paz” de 1972 entre Richard Nixon y Zhou Enlai. Como primer plato se sirvió una velouté de calabaza amarilla dulce, acompañado de una fricasée de setas silvestres, panceta ahumada crujiente y un toque de aceite de cebollino.
El plato principal consistió en lubina chilena con una costra tostada de sésamo, presentada junto a bok choy estofado, berenjena de jardín asada y una salsa verde de hierbas frescas.
Para el final se sirvió un postre escultórico con forma de fruta hecho de crémeux de vainilla, centro de confitura de cereza ácida sobre frangipane de nuez, acompañado de helado elaborado con miel de la propia Casa Blanca.
La cumbre y la posterior cena oficial contaron con la presencia de Elon Musk, Sam Altman, Jensen Huang y Tim Cook, entre otros representantes de la industria tecnológica global. Aunque no se firmó un tratado tecnológico definitivo durante el banquete, las delegaciones avanzaron en la consolidación de un mecanismo formal de diálogo sobre inteligencia artificial (IA) y una vía de cooperación destinada a la gestión de riesgos.
