No todo engaño es malo. Aunque la palabra deriva de latín, del verbo ingannare, que refiere a enredar a alguien o burlarse de él y se vincula con fraude, estafa, trampa y mentira, en su faz benévola, también tiene que ver con la ilusión, con el hacer creer en algo bueno, un cuento, una fábula, una fantasía.
Precisamente, en el lago Engaño estábamos pescando -a unos 60 km hacia el sur de la localidad chubutense de Corcovado– con el apoyo de la Dirección de Pesca Continental con Pablo Buono a la cabeza y un equipo conformado por Nacho Tascón, Rudy Murúa, Martín Molina, Mariano Casanova y Luciano Herrera, quienes se encargaron de toda la logística para el grupo de periodistas que realizamos la cobertura de esta parte de la temporada. Y en lo que hace a la pesca estrictamente dicha, el guía Alejandro Taravello para asistirnos en esta incursión.
El Engaño es un espejo mediano de forma más o menos oval orientado de Este a Oeste, un ámbito que se caracteriza por tener una buena población de truchas fontinalis, algunas de muy buena talla. A la que también se la llama salvelino o trucha de arroyo. Tal vez el salmónido menos frecuente en otras cuencas por su exigencia de aguas bien frías. La caracterizan el diseño arabesco de sus flancos, su boca negruzca por dentro y sus aletas ribeteadas de blanco. Coloración algo apagada en esta época estival, pero que se acentúa hacia fines del verano, al momento de la fresa. Se trata de una trucha extremadamente piscívora y de costumbres gregarias, que cuando el verano avanza y sube la temperatura de las capas superficiales busca la profundidad de los lagos o las proximidades de los arroyos de deshielo.
La geografía del Engaño, que es el último eslabón de una cadena de espejos vinculada por arroyos e integrada por el Falso Engaño, La Berta y El Macho de la Berta, nos ofrece variedad de costas con orillas accesibles para caminarlas y otras totalmente abruptas e incómodas para pescar, veriles a veces bien marcados y otras progresivos, desplayados tendidos, juncales, fondos de arena y de piedra, vegetación subacuática y merced a su poca profundidad en muchos lugares, buena penetración de luz y mucha producción de vida en general y alimento para las truchas. Eso se nota en lo robusto de sus peces.
Con qué equipos pescar
Las fontinalis suelen alimentarse mayormente en profundidad, lo que impone usar varas de potencia #6 o #7, con líneas de hundimiento de 250 grains y tippet de entre 2X a 0X. La estrategia de pesca consiste en lanzar desde dentro del lago y hacia la costa, en caso de contar con embarcación o belly boat. En nuestro caso la pesca fue enteramente al vadeo, por lo que los lances los fuimos a haciendo hacia adentro del espejo. Buscando la hondura de algún drop off o veril, como también recorriendo por el flat vadeando paralelo a la costa, casteando tanto hacia adentro como hacia los lados. La profundidad no es excesiva en la margen oriental donde estábamos, pero tiene sobre la terminación de la playa unas grandes piedras bocha, donde puede estar refugiada y al acecho una de las grandes. En los lugares que se percibe una mayor profundidad conviene lanzar lo más lejos posible, dejar profundizar un poco y empezar a estripear buscando el ritmo y la cadencia óptima. A veces un estripeo lento y con tirones largos funciona mejor que uno muy rápido. Es cuestión de ir cambiando tanto moscas como cadencias y formas de recuperación, buscando dar con lo que funciona.
En nuestro caso probamos de distinta manera y esta vez el estripeo largo y no tan veloz funcionó bien. Es que así lo que imitamos es un pez pequeño que va alternando aceleradas y nadando en forma de pulsos. Estas truchas son muy afectas a atacar pequeños peces. Incluso alevinos de la propia especie, por eso los estrímeres largos de buena silueta y movilidad le van tan bien. Y el color naranja de las moscas simula en parte el aspecto de un alevino de fontinalis que puede desencadenar el ataque caníbal de una trucha adulta. Moscas que rindieron bien: Zonker, Matuka, Bunny Hair Leech, Intruder y String Leech montadas en anzuelos # 6 a 8. Con un puñado de piques por caña y varias buenas capturas de truchas salvajes, dimos por terminado un gran día de pesca lleno de buenas emociones y nuevas anécdotas.
El río Corcovado fue nuestro segundo destino, donde contamos con el apoyo del guía Jeremías Villada y del auxiliar Leonardo Torres, dos buenos conocedores del cauce que, además de la pesca, entienden del rafting. Bien necesario saber de esto ya que el Corcovado es un río de montaña rápido, y que hay que saber por dónde y cómo trasponer sus aguas blancas con seguridad. El cauce corre entre encajonados cañadones, chocando corrientes y desordenándose. Alterna rápidos con sectores de aguas mansas y pozones. Un río truchero con todos los condimentos para encontrar infinidad de pesqueros donde poner una mosca. Con el beneficio adicional de que, por su estructura intrincada, deja poco margen para la depredación y la sobrepesca furtiva de orilla, eso hace que tenga truchas en buena cantidad y aceptable calidad para la pesca deportiva desde balsas. Como en todos los ambientes de Chubut, los anzuelos deben ser sin rebaba. Si la trae, hay que aplastarla bien con una pinza o un forceps.
Flotamos varios kilómetros de río lanzando con equipos de potencia #5 y #6 y líneas de hundimiento hacia las orillas, donde el agua corre más lenta y da refugio de las corrientes más fuertes y turbulentas, y mayores chances de comida a las truchas. También poner una mosca cerca de los paredones a pique es una buena estrategia, como lo es hacerlo bajo las ramas de un sauce o tras una piedra emergente, donde se forman remolinos y contracorrientes.
Técnicas probadas
Hay que tratar de ser preciso y rápido con los lances, ya que son rápidas las pasadas y se actúa desde un bote en movimiento sometido a la fuerza de la corriente, que casi nunca puede volver atrás a desenganchar una mosca. Pero las capturas que podemos lograr valen la pena y asumir el riesgo en cada tiro justifican sobradamente el perder algunas moscas. Las que mejor funcionaron en el río fueron: Kola Killer, Intruder y Woolly Bugger.
Durante el transcurso de la flotada capturamos algunas truchas arcoíris y marrones que, por vivir en un ámbito de aguas rápidas y turbulentas, se mantienen veloces y en muy buena forma. Además de la pesca con estrímeres, intentamos con líneas de flote y ninfas con indicador de pique (strike indicator). En este caso con líneas de flote. La idea es dejar derivar libremente en la corriente una ninfa lastrada atada a un tippet fino que puede ser un 4 X, suspendida desde arriba por un pequeño flotador. Cualquier cambio de velocidad, frenada, pausa, movimiento antinatural o hundimiento de la boyita debe ser interpretado como pique y exige clavar. Es corto el tiempo que la trucha mantiene la ninfa en la boca antes de darse cuenta del engaño y expulsarla.
Arrancamos esta nota hablando del engaño en alusión al lago con ese nombre. Del engaño como algo negativo y del engaño positivo. Como el de un ilusionista o un mago, que busca un fin noble a través de una falsa utopía. Los pescadores sabemos bastante de esto del engaño bueno. Intentamos por todos los medios seducir, convencer y engañar a los peces. Exprimimos la cabeza pensando en cuál, cómo, dónde y de qué manera poner un artificial para hacerles creer que lo que ofrecemos es una oportunidad, un bocado, una presa apetecible o –en todo caso– una amenaza, con el fin de que ataquen, muerdan y empiece la fiesta. Una ilusión, algo tan importante y tan necesario para levantarnos cada día con la actitud de: “Hoy puede ser un gran día” y salir a vivirlo de esa manera.
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