El paso de figuras del espectáculo por los certámenes de entretenimiento suele generar una mezcla de curiosidad y tensión, pero el caso de Esteban Mirol en MasterChef Celebrity parece haber dejado heridas que no cicatrizan. El histórico conductor, reconocido por su sobriedad y trayectoria, se sinceró recientemente sobre las sensaciones negativas que le dejó su participación en el reality culinario de Telefe, apuntando directamente contra la producción por el trato recibido.
Mirol, quien fue eliminado tras una serie de desafíos que pusieron a prueba su paciencia, no ocultó su descontento con la dinámica del programa. Según trascendió, el periodista sintió que el formato no respetó su investidura profesional y que, lejos de evaluar sus habilidades en la cocina, se buscó explotar una faceta que lo incomodaba profundamente.
El conflicto escaló durante la semana de repechaje, instancia en la que los participantes eliminados tienen la posibilidad de reincorporarse al certamen. Fue allí donde Mirol percibió lo que calificó como un intento de ridiculización por parte de las autoridades del canal y la producción del programa. Tras su regreso al set, el periodista notó que el enfoque de las cámaras y los comentarios del jurado estaban orientados a exponer sus debilidades de una manera que consideró ofensiva.
Fuentes cercanas a la producción indican que la discusión se encendió cuando Mirol notó que se le asignaban tareas o se le realizaban devoluciones cargadas de una ironía que rozaba el maltrato. En ese contexto, el comunicador consideró que “en realidad los que quedaron peor fueron los de Telefe por tratar de ridiculizarme”, sugiriendo que la búsqueda de impacto en el rating terminó por dañar la imagen del propio medio de comunicación ante una figura de su calibre.
La incomodidad de Mirol se hizo evidente en sus últimas apariciones, donde su lenguaje corporal y sus respuestas breves denotaban un fastidio difícil de ocultar. El periodista habría manifestado que se sintió maltratado en términos humanos, más allá de la lógica propia de un concurso de televisión donde las críticas del jurado son parte de las reglas del juego.
Para el conductor, el límite se cruzó cuando el humor y la competencia se transformaron en un mecanismo para burlarse de su desempeño, algo que no estaba dispuesto a tolerar. Este malestar pone nuevamente bajo la lupa el trato que reciben las figuras de trayectoria en los formatos de non-fiction, donde la necesidad de generar contenido viral muchas veces colisiona con el respeto profesional. Mientras el programa continúa su curso hacia la final, el testimonio de Mirol queda como un antecedente de la compleja relación entre el periodismo serio y el espectáculo masivo.
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