El presidente Javier Milei brindó este miércoles un breve discurso ante empresarios en el marco del Foro Económico Mundial de Davos en el que, lejos de las encendidas polémicas de sus presentaciones de años anteriores, se limitó a leer un paper elaborado junto a Demian Reidel para demostrar que “el capitalismo de libre empresa no sólo es más eficiente sino que también es más justo”.
En ese camino Milei parafraseó a Friedich Nietzsche quien en el siglo XIX sentenció que “Dios ha muerto”, y aseguró que Nicolás “Maquiavelo ha muerto“. Tras lo cual se lanzó a su ya conocida larga diatriba contra el Estado, la intervención estatal en la economía y los políticos.
En ese sentido sostuvo que existe un falso dilema entre eficiencia y ética, instalado por una deformación del pensamiento político moderno. “Durante años se nos presentó la idea de que había que elegir entre eficiencia política y valores morales”, afirmó, y lo rechazóde plano. Apoyado en la teoría de la “eficiencia dinámica”, aseguró que no hay contradicción entre justicia y eficiencia, sino que ambas surgen del mismo principio: el respeto irrestricto de la propiedad privada y de la función empresarial. “Lo justo no puede ser ineficiente, y lo eficiente es justo”, resumió.
Y reivindicó una matriz ética basada en los valores occidentales como condición previa para cualquier política pública. “Resulta inadmisible, desde el punto de vista ético y moral, sacrificar la justicia en el altar de la eficiencia”, afirmó y advirtió que cuando los valores son desplazados por el utilitarismo político, el resultado no solo es injusto, sino también económicamente inviable y socialmente destructivo.
Milei retomó además el tono confrontativo que ya había exhibido en su exposición anterior en Davos y volvió a cargar contra las agendas promovidas por organismos internacionales.
Dijo que esas políticas “no eran otra cosa que socialismo elegantemente disfrazado”, diseñado para seducir a personas con buenas intenciones pero con consecuencias “catastróficas”. En ese punto, citó a Thomas Sowell para reforzar su advertencia: el socialismo “suena bien”, pero “siempre termina mal”.
Y en su diatriba ante Estado sentenció: “No hay motivo que justifique la intervención, toda intervención es una violación del derecho de propiedad”.
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