La diplomacia internacional volvió a ser escenario de una salida inusual del expresidente estadounidense Donald Trump. Durante un encuentro con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, Trump respondió a una pregunta sobre coordinación con aliados con una broma referida al ataque sorpresa a Pearl Harbor en 1941. La observación, que rompió con décadas de delicadeza diplomática sobre el tema, es el último episodio de una serie de comportamientos que alimentan un debate persistente: ¿es Trump un genio político heterodoxo o un caso de estudio en psicopatología?
La percepción pública: entre la lealtad y la preocupación
Para su base de apoyo, estos actos son la esencia de su atractivo: un estilo directo, alejado de los protocolos tradicionales, que forjó un movimiento político sin precedentes. Sin embargo, las encuestas reflejan una creciente inquietud. Un sondeo de Reuters-Ipsos a fines de febrero reveló que el 61% de los estadounidenses cree que Trump se ha vuelto “errático con la edad”, incluyendo a un tercio de los votantes republicanos. Además, la percepción de que está “mentalmente lúcido” para enfrentar desafíos cayó 9 puntos en seis meses.
El diagnóstico de los expertos: una mirada clínica
Desde el ámbito de la salud mental, la interpretación es más severa. John Gartner, psicólogo de la Universidad Johns Hopkins, lleva años advirtiendo sobre lo que él define como trastornos mentales en la figura de Trump. “Es un narcisista maligno”, afirma Gartner, describiendo un cuadro que, según él, incluye narcisismo, psicopatía, paranoia, grandiosidad y sadismo. Este perfil, explica, fue utilizado por el psicoanalista Erich Fromm para analizar a Adolf Hitler.
¿Deterioro cognitivo y “hipomanía”?
Gartner va más allá y sugiere que Trump presenta signos de hipomanía, un estado caracterizado por energía excesiva, arrogancia e impulsividad, y que también atribuyó al expresidente Bill Clinton. Además, asegura que existe un “impactante” deterioro cognitivo al comparar su forma de hablar actual con la de décadas pasadas. “Es muy bueno disimulando sus problemas, riéndose o actuando con confianza cuando se traba”, sostiene el especialista.
Un movimiento profesional y la polémica ética
Al inicio del primer mandato de Trump, Gartner fundó “Duty to Warn” (Deber de Alertar), una organización que reunió a más de 60,000 psiquiatras y psicólogos. El grupo publicó un libro superventas, “El peligroso caso de Donald Trump”, y generó un amplio debate público. Sin embargo, su actividad también enfrentó críticas por violar la llamada “Regla Goldwater”, un principio ético que desaconseja diagnosticar a una persona sin haberla examinado personalmente, establecido tras una polémica similar con un candidato presidencial en los años 60.
El debate, que mezcla política, psicología y percepción pública, parece lejos de cerrarse. Cada declaración o acción imprevista de Trump reabre la discusión sobre los límites entre un estilo político disruptivo y las señales que, para una parte de la profesión médica y la ciudadanía, merecen una alerta.
