Un análisis reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario, basado en metodologías internacionales, arroja luz sobre la creciente brecha de productividad entre los sectores agropecuarios de Argentina y Brasil. Los datos muestran una trayectoria divergente que se ha acentuado en las últimas décadas, situando al país vecino en una posición de clara ventaja.
Factores que explican la divergencia
El informe identifica varios elementos estructurales que han operado en detrimento de la competitividad argentina. En primer lugar, señala la carga impositiva diferencial, donde los derechos de exportación o retenciones han tenido un impacto significativo. A esto se suma un sistema crediticio menos accesible para los productores locales en comparación con las líneas de financiamiento disponibles en Brasil, como su Plan Safra.
Otro punto crítico es la infraestructura. Con el 90% de la producción movilizada por camión, el estado de la red vial nacional, provincial y municipal se convierte en un cuello de botella para la eficiencia logística y los costos. La debilidad en este aspecto contrasta con las inversiones realizadas históricamente por Brasil.
Evolución histórica de la productividad
La comparación histórica es elocuente. En la década de 1990, la producción agropecuaria brasileña superaba a la argentina en un 53%. Gracias a una revolución tecnológica que incluyó la adopción de semillas transgénicas, la agricultura de precisión y mejores prácticas de manejo de suelos, Argentina logró reducir temporalmente esa brecha.
Sin embargo, a partir de 2010, la distancia volvió a ampliarse de manera sostenida. Para el año 2020, la producción de Brasil era un 155% mayor que la de Argentina. Este salto coincide con períodos de políticas sectoriales diferenciadas y una consolidación de las desventajas competitivas argentinas.
Innovación local frente a obstáculos
Pese a este escenario, el campo argentino ha demostrado una notable capacidad de innovación. En tres décadas, logró triplicar su producción mientras solo duplicaba el área sembrada. Esto fue posible mediante la adopción masiva de la siembra directa, la rotación de cultivos, la fertilización compensatoria y, más recientemente, el uso de biotecnología, drones e inteligencia artificial.
Expertos del sector, como los del IAE Business School, subrayan que estos logros se han alcanzado a pesar de condiciones de inferioridad, particularmente en infraestructura básica y presión fiscal. Se estima que la carga impositiva total sobre el agro puede superar el 55%, afectando cultivos clave como la soja y el maíz.
Desafíos y camino a seguir
El estudio concluye que cerrar la brecha con Brasil requerirá abordar los factores estructurales que hoy limitan el potencial argentino. La discusión se centra en la necesidad de políticas de estado de largo plazo que prioricen la infraestructura logística, un marco tributario que no penalice las exportaciones y un sistema financiero que acompañe el ciclo productivo.
La experiencia brasileña, con su planificación sostenida e inversión en infraestructura desde mediados del siglo XX, sirve como parámetro de comparación. El futuro del sector dependerá de la capacidad para generar consensos que trasciendan los ciclos políticos y apunten a recuperar la competitividad perdida.
