El mundo de la diplomacia y la construcción de paz global perdió este mes a una de sus figuras más discretas y efectivas. Nicholas ‘Fink’ Haysom, un abogado sudafricano cuya trayectoria estuvo indisolublemente ligada a la de Nelson Mandela, falleció tras una vida dedicada a negociar en los escenarios más complejos y peligrosos del planeta.
De la lucha contra el apartheid a la ONU
Haysom, nacido en una familia blanca privilegiada durante el régimen del apartheid, eligió desde joven el camino de la resistencia. Tras graduarse en Derecho, rechazó una carrera cómoda para defender los derechos humanos, una decisión que le costó múltiples encarcelamientos e incluso un atentado con bomba que acabó con la vida de uno de sus socios. Su temple y compromiso lo llevaron a participar activamente en las negociaciones que terminaron con el sistema racista y en la redacción de la nueva constitución democrática sudafricana.
Con la llegada de Mandela a la presidencia en 1994, Haysom se convirtió en su asesor legal principal, un rol que ejerció durante cinco años desde la oficina contigua a la del líder. Este cargo no fue un punto final, sino el inicio de una segunda etapa aún más intensa dedicada a la paz internacional.
Un cuarto de siglo en los conflictos más difíciles
Su incorporación a las Naciones Unidas marcó el inicio de una serie de misiones de alto riesgo que extendieron su legado más allá de las fronteras de Sudáfrica. Entre 1999 y 2002, presidió el delicado proceso de paz en Burundi, evitando una potencial repetición del genocidio de Ruanda.
Posteriormente, asumió uno tras otro algunos de los desafíos más complejos para la organización internacional. Dirigió una oficina de la ONU en Bagdad en plena guerra de Irak, y fue representante especial del Secretario General en Afganistán, Sudán, Sudán del Sur —país cuya creación contribuyó a gestar— y Somalia. Su último cargo lo ejerció nuevamente en Sudán del Sur, antes de su fallecimiento.
Un estilo singular: pragmatismo y perseverancia
Quienes lo conocieron destacan una combinación única en su personalidad: un carácter jovial y desenfadado, alejado de toda pomposidad, unido a una determinación férrea y un pragmatismo incansable. Su método de trabajo se basaba en la persuasión, ya fuera sutil o firme, para lograr que partes enfrentadas dejaran de lado el odio y pensaran en el bienestar de sus pueblos.
Haysom demostró que es posible mantener un profundo compromiso con la justicia sin perder la humanidad y el humor. Su legado es un recordatorio del impacto que puede tener una vida dedicada no a la búsqueda de poder, sino a la construcción de paz desde la trinchera más difícil: el diálogo con el enemigo.
