En Greystones, padres y escuelas promueven un código de “nada de dispositivos inteligentes” para los más pequeños, buscando contrarrestar los efectos negativos de la tecnología mediante una acción colectiva.
En la ciudad costera de Greystones, al sur de Dublín, niños como Bodie Mangan Gisler, de 12 años, reflexionan sobre el uso de los teléfonos inteligentes. Mientras reconoce su utilidad, Bodie expresa su preocupación por engancharse a los juegos. Su amigo Charlie Hess prefiere esperar hasta los 15 o 16 años para tener uno. Esta perspectiva no es casual: desde 2023, la comunidad local implementó una iniciativa voluntaria para retrasar el acceso de los niños a los dispositivos y redes sociales.
El movimiento, llamado “Se necesita una comunidad entera”, surgió tras el regreso a las aulas después de la pandemia de Covid-19. Directores, como Rachel Harper de la escuela St. Patrick’s, observaron un aumento en problemas de ansiedad, trastornos del sueño y dificultades de concentración entre los alumnos, vinculados al uso de la tecnología. Una encuesta entre cientos de padres confirmó estas preocupaciones.
La iniciativa, liderada por padres, educadores y miembros de la comunidad, incluye talleres y eventos sociales para apoyar a las familias. El objetivo no es prohibir, sino dar a los niños un tiempo de adaptación gradual al mundo digital. “Este es el mundo en el que crecen los niños y necesitamos prepararlos”, explicó Harper.
El proyecto ha trascendido esta localidad de 22.000 habitantes, inspirando movimientos similares en otros países y captando la atención de figuras políticas. El ahora viceprimer ministro irlandés, Simon Harris, residente en Greystones, apoyó la iniciativa, advirtiendo sobre los riesgos de “una experimentación con la salud mental y el bienestar de nuestros jóvenes a través de las redes sociales”.
Eoghan Cleary, subdirector del instituto Temple Carrig, relató que los estudiantes le expresaban su malestar por contenidos violentos e inapropiados a los que accedían en línea. Ante esto, la comunidad decidió que una acción colectiva era la mejor respuesta para neutralizar el argumento infantil de que “todos los demás tienen uno”.
