Fundado en 1967 por un grupo de inmigrantes gallegos, este restaurante se ha convertido en un punto de encuentro generacional en Buenos Aires, manteniendo su esencia y su cocina casera.
El Rodi Bar, ubicado en una esquina icónica de Recoleta, es mucho más que un restaurante. Desde su apertura en 1967, se ha consolidado como un referente de la gastronomía porteña, un lugar donde conviven vecinos, turistas y personalidades de distintos ámbitos, atraídos por su ambiente familiar y su menú de platos clásicos.
La historia del lugar comenzó con un grupo de inmigrantes gallegos, oriundos de pueblos entre Pontevedra y Santiago de Compostela, que decidieron asociarse. Entre ellos estaba José García, padre del actual socio Raúl Adrián García. Con experiencia en gastronomía, alquilaron y luego compraron el local, manteniendo el nombre ‘Rodi’ que ya existía.
En sus inicios, el fuerte del negocio era el bar y la vida nocturna, pero con el tiempo fue adaptándose a la demanda de los clientes, incorporando progresivamente los platos de comida que hoy lo caracterizan. Hace unos 30 años, la carta se estabilizó en su versión actual.
El menú ofrece una cocina de bodegón que fusiona influencias españolas y argentinas. Entre sus platos más pedidos están la colita de cuadril al horno con papas, la tortilla de papa y cebolla, el bife de chorizo, el filet de merluza y los bocadillos de acelga. Además, cada día de la semana tiene un plato especial, como albóndigas, lentejas o mondongo. Una particularidad son los ‘combinados’, una idea traída de España que ofrece 18 opciones de platos con guarniciones incluidas a un precio especial.
“Son platos caseros, hechos con productos de calidad”, define Raúl García. La cocina está a cargo de empleados con décadas de antigüedad, como Priscilo, con más de 30 años, lo que garantiza la continuidad del sabor. Hoy, el Rodi Bar es dirigido por la segunda generación de las familias fundadoras, que mantienen viva la tradición de este clásico que se acerca a sus 60 años.
