Cultivos como la camelina, la carinata y la colza ganan terreno impulsados por la demanda internacional de biocombustibles, especialmente los destinados a la aviación. En Argentina, su desarrollo aún es incipiente pero muestra una tendencia creciente.
Según un informe reciente, estas especies presentan una oportunidad concreta para diversificar los sistemas productivos, mejorar el uso del suelo durante el invierno y generar nuevas fuentes de ingreso para los productores. A diferencia de otros cultivos tradicionales, muchas de estas alternativas no compiten directamente con la producción de alimentos, lo que las convierte en insumos clave para los biocombustibles de segunda generación.
Actualmente, el escenario internacional impulsa el desarrollo de energías más limpias, donde los biocombustibles cumplen un rol central. En este sentido, los combustibles sostenibles de aviación (SAF) aparecen como una de las principales herramientas para reducir la huella de carbono en un sector difícil de electrificar.
Una oportunidad productiva en expansión
En Argentina, si bien el desarrollo de estas crucíferas aún es incipiente, muestra una tendencia creciente. Hoy, el sistema productivo invernal está dominado por cereales como trigo y cebada, pero existe un importante potencial para incorporar estas nuevas alternativas en rotación. Se estima que cerca de 20 millones de hectáreas quedan sin uso durante el invierno, lo que abre una ventana significativa para la expansión de estos cultivos, que además aportan beneficios agronómicos.
Camelina y carinata: los cultivos emergentes
Entre las opciones más dinámicas se destacan la camelina y la carinata, dos cultivos que comenzaron a desarrollarse en el país a partir de 2019. La camelina, en particular, muestra un fuerte crecimiento, alcanzando unas 32.000 hectáreas en 2025, con proyecciones de expansión. Su bajo requerimiento hídrico y su ciclo corto la convierten en una alternativa eficiente para reemplazar barbechos, mejorando la rentabilidad sin desplazar cultivos principales. Por su parte, la carinata también avanza, con unas 9.000 hectáreas sembradas y un posicionamiento creciente en el mercado internacional, especialmente bajo esquemas de producción por contrato.
Colza: el cultivo con mayor trayectoria
La colza, en tanto, es la oleaginosa invernal con mayor historia en Argentina. En los últimos años mostró una recuperación en su producción, aunque aún por debajo de sus máximos históricos. Su cultivo se concentra principalmente en Entre Ríos y Buenos Aires, y sigue siendo una referencia dentro de las crucíferas.
Inversión y desarrollo industrial
El crecimiento de estos cultivos también está acompañado por inversiones en infraestructura. Un ejemplo es la nueva planta de molienda instalada en Timbúes, orientada a procesar semillas con alto contenido de aceite para biocombustibles. Además, avanzan proyectos vinculados a la producción de combustibles sostenibles de aviación, lo que refuerza el potencial de estas cadenas productivas en el país.
Un mercado en expansión
Con una demanda global en aumento y el liderazgo argentino en la producción de aceites, el país tiene la posibilidad de posicionarse como un actor relevante en el mercado de biocombustibles. No obstante, el desafío pasa por consolidar estos cultivos mediante más información técnica, desarrollo de mercado y acompañamiento al productor.
Para acceder al análisis detallado, datos productivos y comparaciones técnicas, se puede consultar el informe completo elaborado por la Bolsa de Cereales de Córdoba.
