Investigadores registraron un movimiento permanente del archipiélago japonés tras el sismo de magnitud 9,1 ocurrido el 11 de marzo de 2011, vinculado a una onda sísmica que rebotó en el núcleo terrestre.
El terremoto de magnitud 9,1 que sacudió Japón el 11 de marzo de 2011 a las 14:46 hora local, con epicentro en la costa de la isla de Honshu, provocó un desplazamiento de 6 milímetros hacia el este en todo el territorio japonés, según un estudio publicado en la revista Science el 18 de junio de 2026.
El sismo, que dejó casi 20.000 fallecidos, desencadenó un tsunami con olas que inundaron la central nuclear de Fukushima. Un equipo liderado por la geofísica Sunyoung Park, de la Universidad de Chicago, analizó datos de estaciones GPS japonesas y detectó que 16 minutos después del terremoto principal, antes de que se registraran réplicas importantes, se produjo un salto hacia el este simultáneo en todo el país.
Según el artículo, una onda sísmica descendió hasta el núcleo externo de la Tierra —una capa de aleación metálica en estado fluido—, rebotó y regresó a la superficie. Ese retorno reactivó zonas de contacto entre placas tectónicas y generó el desplazamiento milimétrico del archipiélago. “La mayoría de las veces vemos un desplazamiento así cuando hay un terremoto en curso. Pero aquí no había ninguna réplica conocida en ese momento, así que sentimos mucha curiosidad”, declaró Park en un comunicado.
El estudio indica que es la primera vez que se demuestra que una onda S reflejada en el núcleo desencadena el deslizamiento de una falla. “Es un tipo de riesgo sísmico que no habíamos considerado antes”, afirmó Park. La longitud de ruptura registrada supera en más del doble a la del terremoto de Sumatra de 2004.
Los investigadores señalaron que el deslizamiento provocado por la onda reflejada probablemente no fue perceptible, debido a que su energía se distribuyó sobre una superficie extensa y ocurrió durante aproximadamente tres minutos. “Esto indica que los grandes terremotos pueden influir en la falla incluso después de que termina el sacudimiento principal. Esto añade un ángulo completamente nuevo del peligro sísmico que no conocíamos antes”, sostuvo Park.
El equipo advirtió que futuros sismos podrían generar efectos similares, lo que implica considerar estos movimientos en la vigilancia sísmica.
