El incremento en las cifras de mortalidad saturó la capacidad de las morgues de París y municipios linderos, forzando a las autoridades a improvisar cámaras frigoríficas temporales.
El impacto del calor extremo en Francia escaló a niveles críticos durante la última semana. El drástico incremento en las cifras de mortalidad saturó por completo la capacidad de las morgues de París y sus municipios linderos, forzando a las autoridades y empresas del sector a improvisar cámaras frigoríficas temporales para el resguardo de los cuerpos.
Las cifras de mortalidad se dispararon durante el pico del fenómeno climático la semana pasada, cuando gran parte del territorio francés registró registros térmicos superiores a los 40° C.
La situación se refleja en firmas que ya tienen sus 32 plazas de refrigeración totalmente cubiertas. En ese contexto, el empresario y directivo del sector funerario Zouhaeir Hertelli declaró: “Nos enfrentamos a una situación realmente catastrófica”. Al mismo tiempo, indicó: “Estoy recibiendo cientos de llamadas”.
Mientras la masa de aire extremo se desplaza hacia el resto del continente, el territorio francés comienza a evaluar el impacto humano de la emergencia climática. Los relevamientos estadísticos oficiales y los informes de salud pública tardarán semanas o meses en determinar la cifra exacta de fallecimientos vinculados directamente con las altas temperaturas.
Los datos oficiales de Salud Pública de Francia indican que el miércoles de la semana pasada, cuando el país registró el día más caluroso de su historia, se contabilizaron más de 1.200 fallecimientos. La tendencia continuó en las jornadas siguientes, con picos que alcanzaron más de 1.400 decesos tanto el jueves como el viernes. La tasa habitual de mortalidad previa a la emergencia climática promediaba entre 900 y 1.000 casos diarios.
El informe del organismo sanitario también señaló que el 85% de las víctimas registradas correspondieron a personas de 65 años o más. Asimismo, se detectó un incremento de alrededor del 40% en los fallecimientos ocurridos dentro de los hogares, un fenómeno que afectó especialmente a la región de París. Esta demanda colapsó los sistemas de almacenamiento de la capital, obligando al Ayuntamiento a instalar dos unidades temporales de 20 plazas cada una, mientras que los hospitales locales aportaron otras 50 plazas adicionales.
El empresario funerario Hertelli reveló que varios colegas del sector se vieron forzados a trasladar y almacenar cuerpos en localidades como Chartres, ubicada a unos 80 kilómetros de la capital. Hertelli solicitó formalmente una autorización de emergencia para instalar contenedores refrigerados fuera de su morgue, situada junto al aeropuerto de Orly, aunque las autoridades francesas todavía no le dieron su aprobación.
