Sin título universitario y tras perder su empleo, Gonzalo Medinas transformó pallets descartados en una empresa de muebles a medida que hoy ocupa 500 metros cuadrados en Tigre. Su historia incluye superar lesiones y construir un negocio desde cero.
Gonzalo Medinas, de 42 años, vivió en Junín una infancia de clase media baja, donde la tensión por el dinero era constante. Al mudarse a la Ciudad de Buenos Aires, trabajó como kiosquero, vendedor de celulares y emprendedor de pizzas y empanadas, hasta conseguir un puesto estable en una empresa de marketing y recursos humanos. Cuando el cliente más grande de esa empresa no renovó el contrato, la compañía quebró y Medinas volvió a preguntarse: “¿Y ahora qué hago?”.
Sin más formación que un título de bachiller, realizó cursos sueltos y changas. Durante el proceso de liquidación de la empresa, encontró un montón de pallets que iban a ser descartados. “No sé por qué a mí me bajó la información de que podía llegar a ser muebles con eso”, declaró Medinas. Nunca había trabajado la madera, pero se anotó en un curso de carpintería de tres días en Caballito. A la semana siguiente ya había creado una marca y empezado a producir en el balcón de su departamento, pese a las quejas de los vecinos y la producción precaria.
Buscando mejorar, conoció a Mario, un artesano de San Isidro que enseñaba a fabricar puentes de pallets. “De la mano de Mario aprendí un montón, conocí máquinas y herramientas que nunca en mi vida había visto”, afirmó Medinas. Con ese aprendizaje creó una segunda marca, Pipí Cucú, y reinvirtió las ganancias. Al ver una sierra sin fin que no cabía en el balcón, alquiló un contenedor reciclado como taller en Tigre, donde se mudó desde Caballito.
En Tigre, se inscribió en la Fundación Oficios para un curso anual de carpintería que incluía estimación de costos y rentabilidad. Tras una charla bancaria, solicitó un crédito PyME que le permitió comprar maquinaria e industrializar la producción. “Aprendimos haciendo, aprendimos equivocándonos, aprendimos corrigiendo. Y aprendimos empujando, básicamente”, resumió.
La cartera de clientes creció hasta incluir a una de las desarrolladoras inmobiliarias más grandes del país, que inicialmente hizo un pedido pequeño para probar la calidad. Medinas cumplió y la relación se afianzó. Hoy, Madero Style ocupa 500 metros cuadrados en Tigre y él ocupa la dirección general, alejado del banco de trabajo pero involucrado en la gestión diaria junto a su esposa Flor, con quien formó “un gran equipo”.
Paralelamente, Medinas superó una lesión de ligamento cruzado y menisco que lo dejó sin poder jugar al fútbol tras cinco cirugías. La negativa a jugar con su hijo Felipe, entonces de dos años, lo impulsó a buscar nuevos especialistas. Tras rehabilitación, volvió a correr y completó la Maratón de Buenos Aires (42 km) y la competencia El Cruce en San Martín de Los Andes (100 km en 3 días).
En 2024, el rubro de la construcción atravesó un año crítico, pero Medinas afirmó que 2026 encuentra a la empresa más afianzada que en 2022 y 2023. Fue invitado a compartir su historia en Laburatorio, evento de la Fundación Banco Nación en el Palacio Libertad, donde dijo: “Yo siempre tuve oportunidades, solo que estaban disfrazadas de problemas. Creo que, mayormente, la vida de un emprendedor empieza cuando todo está mal, cuando todo se rompe. Lo único que marca la diferencia es levantarse y seguir adelante”.
