El gobierno español anunció que la situación en Ceuta volvió a una “razonable normalidad” después de la llegada masiva de migrantes desde Marruecos. El alcalde de la ciudad cuestionó esa versión y aseguró que aún hay miles de personas por retornar.
El gobierno de Pedro Sánchez informó este sábado que se restableció una “razonable normalidad” en Ceuta, ciudad autónoma española en el norte de África, tras la crisis migratoria desatada el jueves con la entrada masiva de migrantes desde Marruecos. Según el Ejecutivo, “casi todos” los migrantes que ingresaron ya regresaron a su país de origen.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, visitó la ciudad para transmitir un mensaje de tranquilidad y declaró: “si bien la crisis no se da por cerrada, la situación es de razonable normalidad”. También afirmó que “casi todos” los migrantes que entraron masivamente el jueves, calculados en unos 60.000 en 24 horas, ya habían salido, aunque reconoció que es difícil precisar cifras exactas.
En contraste, el alcalde de Ceuta, Juan Vivas, negó que exista “normalidad” y sostuvo que todavía hay “miles de personas que deben ser retornadas”. La ciudad, de unos 84.000 habitantes, vivió una de las peores crisis migratorias de su historia con la llegada de decenas de miles de personas, en su mayoría hombres jóvenes y adolescentes, tanto a nado como saltando las vallas fronterizas.
Este sábado se observaron cafés llenos y tráfico intenso, pero también colas en supermercados. Una vecina, María José Benítez, declaró a la agencia AFP: “Las estanterías están vacías”. Otra residente, Irene Cuadro, que trabaja como ayudante de cocina, aseguró que todavía hay “bastante barullo de todo y la verdad es que no hay tranquilidad”.
Algunos migrantes que regresaron a Marruecos relataron su experiencia. Yusef, un enfermero de 27 años, contó a AFP: “En esa ciudad son todos unos racistas y cerraron todos los comercios, para que no pudiéramos ni comer”. Agregó: “Pasé días sin comer, no podía tenerme en pie, fue terrible, una muy mala experiencia”.
El sábado comenzó la instalación de una nueva barrera flotante en el mar junto al espigón de hormigón que delimita la frontera, una de las dos terrestres entre África y la Unión Europea, junto con la de Melilla.
La crisis generó tensiones diplomáticas entre España y algunos socios europeos, como Italia, que acusan al gobierno de Sánchez de ser demasiado permisivo en materia migratoria. Sánchez solicitó una reunión urgente de los ministros del Interior de la UE y envió una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que lamentó “prejuicios, noticias falsas, ignorancia o intereses políticos” y calificó la reacción de algunos países como “egoísta, polarizante e ilegal”.
Horas después, 22 líderes europeos, entre ellos la primera ministra italiana Giorgia Meloni y el canciller alemán Friedrich Merz, se sumaron a la petición de una reunión urgente.
