Una joven de aproximadamente veinticinco años relata en una consulta psicológica su deseo de irse de su ciudad, no como escape, sino como búsqueda de autonomía para tomar decisiones sin la influencia de las predicciones familiares.
Emilia, una joven de aproximadamente veinticinco años, ingresó a un consultorio psicológico con signos de haber llorado y olor a tabaco fresco. Durante la sesión, expresó que, aunque su vida actual es estable, siente la necesidad de irse para poder elegir sus propias decisiones.
“Ay Dali, yo sé que mi vida acá va bien… pero no puedo quedarme”, declaró Emilia. La paciente cuenta con un trabajo estable, un novio y un departamento propio, una vida que describió como “esperable”. “No me falta nada… y eso es lo que más me confunde”, sostuvo.
Emilia relató que durante años fue considerada “la rebelde” de la familia, pero que luego se acomodó y cumplió con las expectativas que le habían marcado. Sin embargo, comenzó a sentir un malestar interno. “Es como si mi familia ya supiera todo de mi antes de que yo haga algo. Siento que todos ya saben qué esperar de mis decisiones”, afirmó.
La joven mencionó que la constante anticipación de su familia sobre su comportamiento le impide equivocarse o probar cosas nuevas. “No quiero irme para hacer algo distinto… quiero poder elegirlo yo”, explicó.
El desarraigo, en este contexto, se presenta como una posibilidad de crecimiento personal. Emilia expresó: “Me da miedo irme pero más miedo me da no saber quién soy sin las predicciones de mi familia”.
El caso fue compartido por Dalina De Cicco, licenciada en Psicología (MN 79148), a través de su cuenta de Instagram @depsico.logia y su correo electrónico [email protected].
