El aumento de la expectativa de vida impulsa un cambio de paradigma en la organización del tiempo, el trabajo y los vínculos. Dos especialistas argentinas analizan el fenómeno en su libro ‘La nueva longevidad – El bonus track de la vida’.
La prolongación de la expectativa de vida modificó las estadísticas demográficas y la manera de pensar el tiempo, el trabajo, los vínculos y el envejecimiento. El modelo tradicional de vida, organizado en tres etapas (estudio, trabajo y retiro), fue diseñado para una época en la que vivir hasta los 80 o 90 años constituía una excepción.
Las licenciadas Milagros Abud (Psicología) y Alicia Rozenblum (Ciencias de la Educación) abordan este tema en su libro “La nueva longevidad – El bonus track de la vida” (Editorial Vergara). Según las autoras, el desafío no es solo vivir más años, sino aprender a vivir de otra manera esos años adicionales.
Abud, especialista en Clínica de Adultos, trabajó en inclusión, diversidad, empleabilidad +45, edadismo y equipos multigeneracionales. Rozenblum, psicopedagoga y coach ontológico, acompaña desde 2016 procesos de reinvención laboral y personal en Diagonal Asociación Civil, especialmente de personas mayores de 45 años.
El libro propone una vida “multietapa”, en la que se puede estudiar después de trabajar, cambiar de profesión a los 50, emprender a los 60 o construir una nueva identidad profesional. Las autoras sugieren dejar de mirar la edad como una frontera y comenzar a observarla como una coordenada.
La propuesta no se presenta como una invitación al optimismo ingenuo. Una longevidad satisfactoria exige planificación en salud física y emocional, ingresos, vivienda, vínculos y red afectiva. La reinvención, según las autoras, no implica negar lo vivido ni comenzar de cero, sino revisar capacidades, deseos, limitaciones y posibilidades para tomar decisiones conscientes.
El cuerpo también interviene en este proceso. Las autoras lo consideran un “mensajero” que advierte cuando la vida que se lleva ya no coincide con la que se necesita. El cansancio persistente, malestares o la sensación de vivir en automático pueden ser señales para detenerse.
El libro también aborda el edadismo, una forma de discriminación que convierte los años en un supuesto defecto. En el mercado laboral, las personas mayores de 45 años conservan experiencia, conocimiento y capacidad de aprendizaje, pero a menudo encuentran puertas cerradas por prejuicios vinculados con la edad. Abud definió a este grupo como “excluidos invisibles” del mercado laboral.
Horacio Quintas, de 72 años, afirmó: “Durante mucho tiempo pensé que después de jubilarme la vida iba a ser una repetición. Con los años entendí que tenía tiempo para cosas que nunca había podido hacer. No quiero sentir que estoy esperando el final, quiero seguir teniendo proyectos”.
Esther Bermúdez, de 68 años, declaró: “La edad me enseñó que hay cosas que ya no necesito demostrar. Ahora elijo más. Me interesa aprender, viajar, encontrarme con esos amigos de mi historia que la obligación diaria nos separó y hoy nos encuentra con más tiempo y sin horarios rígidos. Para mí, envejecer bien tiene más que ver con seguir siendo curiosa que con parecer joven”.
El libro plantea que la longevidad no es solo una conquista médica o un dato demográfico, sino un desafío cultural. Propone imaginar una sociedad donde convivan varias generaciones, donde el trabajo no tenga una fecha de caducidad arbitraria y donde la vejez pueda ser una etapa de posibilidades.
Las autoras sostienen que el cambio consiste en dejar de pensar la vida como una línea que conduce inevitablemente al retiro. Proponen un mapa con desvíos, regresos, aprendizajes y caminos nuevos. La nueva longevidad no promete juventud eterna, sino que los años adicionales sean tiempo elegido.
