La difusión de consejos de salud en redes sociales, sin respaldo profesional, puede llevar a la postergación de tratamientos médicos y a la adopción de prácticas no seguras.
En Argentina, es común que las personas opinen sobre diversos temas, incluida la salud. Esta tendencia se ha trasladado a las redes sociales, donde cualquier usuario con seguidores puede recomendar qué comer o qué suplemento consumir. Sin embargo, estas recomendaciones carecen, en muchos casos, de sustento técnico y científico.
La sobrecarga informativa, denominada infodemia, dificulta distinguir entre información veraz y falsa. En redes sociales abundan las dietas detox, la demonización de grupos de alimentos como gluten, carne, leche o huevo, y la promoción de productos que supuestamente queman grasa. También circulan métodos de evaluación nutricional sin rigor científico.
Estos mensajes pueden generar falsas expectativas y, en algunos casos, la postergación de tratamientos médicos reales. Además, se suman los consejos tradicionales de familiares, que aunque se hayan mantenido por décadas, pueden implicar riesgos sanitarios según la evidencia actual. Por ejemplo, la administración de miel en lactantes o la falta de refrigeración adecuada son prácticas que hoy se desaconsejan.
El conocimiento médico avanza y las costumbres deben actualizarse. La velocidad de los avances científicos implica que lo que ayer se consideraba válido puede ser cuestionado hoy. El uso de inteligencia artificial sin validación profesional también representa un desafío, ya que algunas personas llegan al consultorio con diagnósticos realizados por chatbots o deciden no asistir por confiar en tratamientos sugeridos por estas herramientas.
Para quienes buscan información confiable, es fundamental verificar que el comunicador tenga un título de grado habilitante y que sus recomendaciones no presenten conflictos de interés con marcas. Los profesionales de la salud deben basar sus comunicaciones en fuentes validadas, como revisiones sistemáticas o metaanálisis, y evitar basarse en experiencias personales o anécdotas.
En el ámbito de la crianza, la ansiedad por hacer lo mejor para los hijos puede llevar a consumir más información sin filtro. La recomendación es elegir fuentes con rigor y respaldo profesional. La consulta con un profesional matriculado es la vía para tomar decisiones de salud informadas.
