El catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ignacio Morgado, explicó en qué se basa la diferencia entre los seres humanos y el resto de los animales.
El neurocientífico Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, se refirió a la capacidad que distingue a los seres humanos del resto de los animales. Según Morgado, esa diferencia no reside en la inteligencia en sí, sino en la capacidad de saber que se sabe.
Morgado ejemplificó esta idea con el caso de un gato frente a un espejo: “Un gato, cuando se mira en un espejo, no sabe que es él. Piensa que es otro gato. Bueno, después de haberse mirado muchas veces, puede que lo acabe aprendiendo, pero la primera vez no lo sabe, ni un perro tampoco”.
Algunos científicos interpretaron ese reconocimiento tardío como una prueba de autoconciencia animal. Al respecto, Morgado sostuvo: “Y algunos científicos creen que eso es una prueba de autoconsciencia, de que esos animales piensan que piensan, son conscientes de que son conscientes. Pero eso no está demostrado”.
En ese punto, Morgado trazó la línea que, según él, separa a los humanos del resto de los seres vivos: “Hasta donde podemos demostrarlo científicamente, solo nosotros, los seres humanos, podemos pensar que pensamos. Somos seres autoconscientes o metaconscientes”. Para el investigador, esta capacidad de pensar sobre los propios pensamientos constituye “la capacidad mental más elevada, superior, que tienen los seres vivos de hoy, particularmente los seres humanos”.
Morgado resumió esta idea de la siguiente manera: “Pensamos que pensamos, tenemos consciencia y somos conscientes de que somos conscientes. Podemos pensar en nuestros propios pensamientos”. Esa doble capa de conciencia, que implica no solo percibir el mundo sino también reflexionar sobre la propia percepción, explicaría, según Morgado, capacidades humanas complejas como la planificación a largo plazo y la construcción de la identidad personal.
Además de su labor en neurociencia, Morgado, quien ejerció la docencia durante gran parte de su carrera, ofreció una reflexión personal sobre la aplicación de estos conocimientos en la vida cotidiana: “A los compañeros hay que ayudarlos cuando se pueda, cuando te lo pidan. La competencia hay que reservarla para nosotros mismos. Debemos competir, y probablemente esto es aplicable a casi todas las edades de nuestra vida, con nosotros mismos, para intentar ser cada día mejores en todos los aspectos”.
