El barrio porteño suma una propuesta gastronómica que combina herencia italiana, cocina contemporánea y un fuerte compromiso con la trazabilidad y el cuidado ambiental, en un espacio de diseño moderno y descontracturado.
Chacarita, un barrio que históricamente se caracterizó por sus talleres y casas bajas, se consolida como un polo gastronómico diverso. Allí, alejado de las pretensiones de otros distritos, abre sus puertas Bochinche, un restaurante de pastas que apuesta por la calidad, los sabores caseros y la sostenibilidad.
El proyecto es llevado adelante por el cocinero Gaspar Natiello y Lucas Etchegoyen, especialista en desarrollo sostenible. Juntos buscan ofrecer una experiencia diferente: “Sentíamos que a Chacarita le faltaba un buen local de pastas en un lugar descontracturado y alejado de los clásicos restaurantes italianos”, explica Natiello.
El espacio, de estética moderna y relajada, cuenta con cocina a la vista, una barra impactante y un patio con plantas. El diseño fusiona elementos de los años 60 con toques futuristas, buscando un contraste que no remita directamente a la iconografía italiana tradicional.
La carta, corta y contundente, está dominada por la pasta italiana ‘fatta in casa’, con más de diez variedades. Se elaboran con materias primas de productores específicos, como semolín de Campodónico, huevos de La Tandilera y carne bovina orgánica de La Julia, priorizando la trazabilidad.
Un pilar fundamental del proyecto es la sostenibilidad. Los socios implementan “Foodprint”, un sistema basado en inteligencia artificial que mide en tiempo real el consumo de recursos (luz, gas, agua) y la generación de residuos y emisiones. Esta filosofía se extiende incluso a elementos de la ambientación, como una mesa central de incienso con trazabilidad certificada.
Bochinche representa así una novedad en el circuito gastronómico local: una cocina de herencia italiana con mirada contemporánea, donde el sabor honesto y el compromiso ambiental se conjugan en un ambiente de barrio.
