Un repaso por los detalles de producción, el casting y las decisiones creativas detrás de la monumental película de Cecil B. DeMille, estrenada en 1956.
La película Los diez mandamientos (1956), dirigida por Cecil B. DeMille, comienza con una inusual presentación del propio cineasta ante la cámara, advirtiendo sobre la duración de la obra y planteando su tema central: la lucha por la libertad. Este prólogo marcó el tono para una de las producciones más ambiciosas de la historia de Hollywood.
DeMille, un veterano con más de 70 filmes a su cargo, ya había adaptado la historia bíblica en una versión muda de 1923. Consideró que la llegada del sonido y el color justificaba una nueva y más espectacular versión. Para el rol protagónico de Moisés, el director buscaba un actor con un perfil específico, que finalmente encontró en Charlton Heston, cuya fisonomía le recordó a una escultura de Miguel Ángel.
El proceso de casting incluyó otros nombres destacados. Yul Brynner fue elegido para interpretar a Ramsés tras ser abordado por DeMille en Nueva York. Figuras como Edward G. Robinson, Vincent Price y John Carradine integraron el elenco. Para el papel de Nefertiti, inicialmente se consideró a Grace Kelly y Audrey Hepburn, pero finalmente recayó en Anne Baxter.
La producción se caracterizó por su escala faraónica, con una atención meticulosa a los sets, el vestuario y cada detalle visual. DeMille era conocido por su involucramiento en todas las etapas creativas, desde el diseño hasta la selección del reparto, incluyendo actores jóvenes.
