La actriz argentina repasa, en sus propias palabras, los vínculos que marcaron su vida, desde su primer matrimonio con Juan Manuel Bordeu hasta sus posteriores parejas, destacando el respeto y el cariño que perduraron más allá de las separaciones.
Graciela Borges, figura emblemática del cine argentino, ha construido su vida privada con discreción, aunque en ocasiones ha compartido reflexiones sobre las relaciones que consideró más transformadoras. Su historia amorosa incluyó vínculos con personalidades del espectáculo, el deporte y el arte, siempre caracterizados, según su relato, por el mutuo respeto.
Su primer gran amor fue el piloto de automovilismo Juan Manuel Bordeu, a quien conoció a los 18 años. Se casaron en 1962 y estuvieron juntos 14 años. “Fue mi gran amor. Tuve el marido más ideal”, afirmó Borges. Juntos tuvieron a su único hijo, Juan Cruz, tras un difícil proceso. La actriz destacó que, pese a la separación, mantuvieron una amistad hasta el fallecimiento de Bordeu en 1990, y conserva un vínculo cercano con su familia.
Posteriormente, mantuvo una relación de casi una década con el director de cine Raúl de la Torre, con quien colaboró profesionalmente en varias películas. Borges describió ese vínculo como una “conexión intelectual muy fuerte”. La amistad perduró tras la ruptura y la actriz lo acompañó hasta su muerte en 2010, manteniendo contacto con su hija, a quien considera como propia.
En una etapa más serena de su vida, Borges mantuvo una relación con el arquero Marcos ‘Anguila’ Gutiérrez, quien era más de 30 años menor. Aunque al inicio fue secreta, la pareja hizo pública su relación. La actriz señaló que este vínculo le dio estabilidad emocional y le permitió disfrutar de “las pequeñas delicias cotidianas”. La aprobación de su hijo Juan Cruz fue un dato significativo para ella. La separación también se dio manteniendo el cariño.
En sus declaraciones, Graciela Borges ha enfatizado que todas sus relaciones fueron transformadoras y dejaron una marca importante en su vida, siempre priorizando los lazos afectivos que trascienden las formas convencionales del vínculo.
